Dueño de nada

Puedo presumir de no haber sido jamás dueño de nada; ni de lo que vi, ni de lo que mis manos pudieron acariciar, ni  de un aroma al despertar. Y aún así jamás podrán arrebatarme aquellos atardeceres con el azul intenso de tu mirada entremezclado con la calidez de tu piel dorada.

Galiana