«Oficio de tinieblas» de Pilar Rodríguez (@PilarR1977): «Noctilucae (III)»

Noctilucae III

A pesar de sí mismo, Lucio poseía el instinto de un sodado y sus sentidos despertaron.

Era el sonido claro de unos pasos sobre la arenisca, el roce de tela sobre la hojarasca.

Era un perfume pesado y dulzón escondido bajo sándalo e incienso.

—Estás herido.

El hombre abrió los ojos. La lámpara se había apagado y, oculta por las nubes la luna menguante, sólo halló oscuridad y frío.

—¿Estoy muerto? — preguntó incorporando el torso.

La noche dibujó una silueta, un retazo de sombra que se desgajó de las tinieblas para agacharse a su lado.

—No es uno de mis dones hablar con las ánimas — dijo una voz de mujer—. Pero lo estarás pronto si no lo evitas.

—Tal vez no quiero evitarlo.

—Dejarás a tu hijo huérfano…

El viento corrió las nubes y descubrió la luna.

A la luz blanquecina vislumbró a la recién llegada, una mujer joven, de rasgos pálidos, un poco afilados. Los ojos, claros, brillaban plateados con un fulgor felino. Eran sus ropajes oscuros y ningún velo o cinta recogían el largo cabello azabache.

—¿Qué eres? — murmuró Lucio— ¿Un demonio?

—Una humilde polilla nocturna, una simple mujer —voz parecía contener risa y burla—, soy muchas cosas, pero te aseguro que no soy un demonio. Déjame ver tus heridas.

No se resistió Lucio. Unos dedos fríos y firmes alzaron su brazo derecho. La mujer contempló la piel lacerada con ansía animal, una avidez apenas disimulada bajo la bruma sombría de sus pestañas.

Lucio apenas gimió al sentir su beso de seda, su mordedura punzante. La criatura de formas femeninas bebió su sangre: primero la muñeca derecha, después la izquierda, saboreando y disfrutando de la esencia cálida y viva.

—Pon fin a mi tormento, mujer, te lo suplico. Nada me ata ya a este mundo.

—Tienes un hijo.

—¿Por arte de qué hechicería sabes eso, demonio?

Una suave risa, un sonido que le trajo el recuerdo de Livia en su noche de bodas.

—Por la simple “hechicería” de mis oídos y tu voz, romano. Te escuché: llorabas, decías que no lo amabas, que él es la razón de la muerte de tu esposa.

—Ese hijo…

—No conviertas en vana la muerte de Livia, no menosprecies el sacrificio de la mujer que convierte su cuerpo en templo de vida a costa de la suya propia: un hijo es un hijo. —Un suspiro y un temblor en su voz —. Pagaría imperios por un hijo vivo en mis brazos, hombre.

Irguió ella entonces la cabeza, con la certeza de las decisiones. Los rasgos esculpidos en marfil y sangre de una diosa infernal, de una sacerdotisa de cultos olvidados, contemplaron a Lucio con frialdad.

—Hijo de Luperca, me llevaré tu dolor a cambio de tu sangre. Consolaré tú alma por el precio de mi carne.

—No.

—Dos aúreos de oro y tu sangre para salvar tu vida y tu linaje.

—Vete mujer, pues no soy esa clase de hombre — respondió con firmeza —Y aún amo a mi esposa.

—Dos aúreos sobre la tumba de Vestia Nuctina la próxima luna llena —sentenció, ignorando sus protestas.

—Déjame morir. No…no mancillaré…Livia…

La mujer le acarició la mejilla con dedos helados. Instintos atávicos, masculinidad instintiva, deseos contenidos por la civilización y las leyes de los dioses, se despertaron en lo más profundo de su ser.

—Livia se pudre bajo este suelo —susurró ella. Serpentina, se acomodó sobre sus piernas y le acarició los muslos bajo la toga—. Tú aún eres un hombre vivo.

Las letras talladas sobre la lápida, el nombre de su esposa, se clavaron en la espalda de Lucio.

—¿Qué eres? — jadeó.

Volvió a cubrirse el cielo y el viento trajo oscuridad, frío y, que los dioses le confundiesen, el rumor de un cántico. El orbe se sumió en una parálisis onírica, más propia del inframundo que del reino de los vivos.

—¿Qué eres? —repitió, roto su aliento, aferrando con las manos las caderas femeninas.

—Soy llanto por vuestros muertos durante el día. Soy una puta que vende su cuerpo entre las tumbas cuando cae el sol. Soy una huérfana que se alimenta de sangre y de dolor. Soy consuelo. Soy lujuria. Soy fealdad. Soy belleza. Soy la noche, Lucio.

Continuará…

Ahora dale a la ilustración para escuchar el podcast, recuerda que no son iguales, incluyo alguna variación.

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