‘Pa’ habernos ‘matao’ por @VictorFCorreas (serial sobre Carlos V), incluye el podcast de @ivoox: «Ha llegado el momento de la separación»

Ha llegado el momento de la separación

A ojos de muchos, Mauricio de Sajonia era más peligroso que un brownie para un diabético. Lo veía todo Dios de aquí a Lima. Así que a nadie sorprendió que decidiera aliarse con Enrique II aprovechando la cuestión de la sucesión imperial.

Felipe II era el heredero, el hijo de Carlos V —emperador hasta que él dijera lo contrario o se fuera para el otro barrio—, pero tanto Fernando como su hijo Maximiliano algo tenían que decir en el asunto. La cosa, no sin trabajosas negociaciones, se saldó con los acuerdos familiares de Augsburgo firmados en marzo de 1551 para garantizar una sucesión alternada en el Imperio de manera rotatoria entre las Casas de España y de Austria. Por ese acuerdo, el cetro imperial recaería en manos de Felipe II cuando Fernando se pusiera a criar malvas. Un español emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Manda carallo, hubiera dicho Mauricio de Sajonia de nacer en O Grove o en Carballino. Pero no, nació en Alemania. Aunque pensar, debió de pensar lo mismo.

Así que todo lo conseguido por Carlos V tras la batalla de Mühlberg saltaría ahora por los aires, con la aquiescencia de Enrique II, igual de gustoso como su padre de estar en todas las salsas, y con alguna que otra pretensión al trono imperial visto el asunto. De tal palo tal astilla.

Todo saltó por los aires, sí.

Escuchados los planes dinásticos por parte de los príncipes alemanes, éstos vinieron a decirles a Carlos V y a su hermano Fernando que por encima de su cadáver en interpretación libre; y que estaban ya hasta los huevos de todo y de ellos en especial, por lo que lucharían por una Alemania grande, libre y protestante, así como también por la libertad de Felipe de Hesse.

Fue correr por Alemania el rumor de cómo sería la sucesión imperial y para qué queríamos más días de fiesta. Los príncipes alemanes no tardaron en negociaron con Enrique II, que tenía unas ganas locas de darle las gracias a Carlos V por la pensión completa que le regaló en Madrid —acuérdate de que, para que Francisco I, su padre, quedara libre tras lo de Pavía, sus hijos se vendrían para Madrid según lo dispuesto en el Tratado de Madrid—. Para empezar, les dio perras para fundírselas a lo grande en tropas, y todo lo oportuno —80000 coronas mensuales para gastos durante los tres primeros meses de campaña contra Carlos V, y 70000 los restantes—. A cambio, recibió Metz, Toul y Verdún, es decir, aquellas tierras donde no se hablaba alemán.

Con esas perras en el bolsillo, los príncipes alemanes sufragaron una campaña contra el emperador que lideró, cómo no, Mauricio de Sajonia. Échale guindas al pavo. Es en marzo de 1552 cuando Carlos V fue consciente de la puñalada que le quería asestar quien fuera uno de sus principales aliados en las campañas de 1547. Y mira que te lo decíamos y tal, oyó en más de una ocasión por entonces.

Ese marzo de 1552 le cogió en Innsbruck, donde había asentado su Corte dada la cercanía de Trento —donde se iba a reabrir el Concilio—, pero también por estar cerca de Italia en caso de que a Enrique se le antojara darse una vuelta por allí. No fue él, sino Mauricio quien le pondría contra las cuerdas. Y no tardó en conocer los movimientos de las tropas dirigidas por aquel tipo, por lo que urgió refuerzos a Castilla para capear el temporal como buenamente pudiera. Castilla respondió como no podía ser de otra manera, más calientes sus ciudadanos que un pollo laqueado por la traición infligida a su rey y emperador. Incluso pidiéndole a Felipe II caña al francés, que siempre estaba metido en todos los fregados. La cosa se saldó con el envío de tropas al mando del duque de Alba, al que se le olvidó el mosqueo que tenía con la Corte por lo que consideraba mal trato hacia su persona por un reciente licenciamiento; acompañado de perras recaudadas por todo el reino para pagar a los mercenarios que hicieran falta.

Pero lo que mal empieza no puede terminar mejor, y cuando Mauricio de Sajonia se plantó con su ejército delante de las puertas de Innsbruck con unas ganas que te rilas de echarle el guante, Carlos V no tuvo más remedio que salir por patas de allí a mediados de mayo de 1552 si no quería caer preso de aquel príncipe alemán, y escapar por los Alpes en medio de una tormenta de viento y nieve de las que los ponen de corbata. Que qué vergüenza, que qué escarnio, pero escapó. Se salvó por los pelos.

Ya a buen recaudo en Villach —sur de Austria, cerca de la frontera actual con Italia y Eslovenia— y rehecho del golpe, juró que se las iba a devolver todas juntas primero a Enrique II y después a los príncipes alemanes. Lo primero que hizo fue plantarse ante las puertas de Metz en el otoño de 1552 para recuperarlo, que para eso era suyo —te recuerdo que fue una regalía de los príncipes alemanes por la ayuda prestada meses atrás— en compañía de más de 60000 infantes, 14000 caballos y arcabuceros como para parar un tren. Pero ni aquel era el ejército de 1547, ni él tampoco era el de entonces. La gota, ¡ay, la gota!, entre otros males, le impidió arengar a sus tropas y comandarlas. Luego vinieron el invierno, el frío, el hambre y la resistencia de las tropas encabezadas por el Duque de Guisa, bien pertrechado tras los muros de Metz; viendo cómo los imperiales la palmaban cosa fina por culpa del frío, y los que no pasándolas de todos los colores por culpa del barro, el frío y la miseria que reinaba a su alrededor.

El 1 de enero de 1553, hastiado, cansado y muerto de frío, Carlos V levantó el sitio de Metz. Hasta aquí hemos llegado, pues en su ánimo crecía la idea de que había llegado el momento de dejarlo todo, que ya iba siendo hora. Que ya tienes una edad para estar pegado a una chimenea escuchando cantar y leyendo, no de estar guerreando o aguantando aquello que ya no estás para aguantar. Vale que en ese momento tenía 52 palos, pero 52 palos muy trabajados. 52 palos del siglo XVI, que no son los de ahora. Que estaba hecho una piltrafa, para qué marear más la perdiz.

Así que preparó voz de cerdito Porky y el cartel de despedida de los dibujos de Looney Tunes.

Has leído y ahora dale al podcast en ivoox, recuerda hay variaciones.

🎙🎧👇

@VictorFCorreas

Avatar de Desconocido

About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
Esta entrada fue publicada en ‘Pa’ habernos ‘matao’, Carlos V, Historia, Víctor Fernández Correas y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario