«Este 2025…» con Carmen Navas Hervás (@mcnavas1) para leer y escuchar: «Cicatrices del pasado»

Las fiestas se han terminado, este 2025 tiene que ser muy literario, al menos yo voy a esta aquí hasta el día 9.

Cicatrices del pasado

Desde niña, Eloise, siempre se había sentido distinta. En el colegio los niños se reían de ella cuando tenía una de sus ausencias. Sus padres la llevaron a los mejores psicólogos del país para intentar comprender lo que le pasaba a su hija. Dijeron que tenía una especie de autismo y que con medicación podían controlar sus síntomas. No le gustaba nada tomarse las pastillas porque se sentía aletargada.

Después de cada ausencia, cuando volvía en sí, su mente parecía haber envejecido. Algunas veces, hablaba idiomas extraños que nadie era capaz de reconocer, otras veces tenía habilidades o hablaba de hechos pasados como si acabaran de ocurrir.

Eloise fue creciendo y aprendió a convivir con su problema. Una de las cosas que le ayudó fue esconder sus ausencias.

El día que conoció a Iván fue como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago. Sin duda era él, siempre había sido él.

—¿Te conozco? —Le preguntó Iván.

En su mente fueron desfilando miles de imágenes en las que ambos estaban juntos.

Comenzaron a salir a los dos meses de haberse visto. Era como si estuvieran predestinados y su amor se convirtió en un volcán abrasador.

—No sé, Eloise, tengo la misma sensación que el día que te conocí. Es como si todo esto ya lo hubiéramos vivido antes. Creo que siempre has estado en mi vida, incluso antes de …

—No lo digas, sé a lo que te refieres porque a mí me pasa lo mismo.

Decidieron formalizar su relación y se fueron a vivir juntos a una casa junto al mar. Eloise temía que él descubriera sus ausencias, sin embargo, necesitaba estar a su lado.

Por las noches, se sentaban en la terraza mirando el mar infinito. Se quedaban en silencio agarrados de la mano hasta altas horas de la madrugada. El reflejo de la luna en las aguas oscuras, les serenaba y les daba tranquilidad.

Una de esas noches, Eloise tuvo una de sus temidas ausencias, sin embargo, no fue como otras veces. En esta ocasión su mente viajó al pasado junto a Iván.

Estaban en una aldea de algún país del norte, porque las casas eran muy escasas y rústicas y hacía mucho frío. Vestían ropas hechas con piel de animales. Notaba las manos ásperas, encallecidas por el duro trabajo. Él era muy rubio y fuerte y llevaba un hacha.

—Ya vienen —le dijo Iván, cogiendo su mano —ya sabes lo que hay que hacer.

Lo besó y entró en una de las cabañas. Salió con dos niños, uno en brazos y otro agarrado a su pierna.

—Tienes que ponerlos a salvo.

No quería dejar a su marido, sin embargo, lo tenía que hacer por sus hijos.

No les dio tiempo. Llegaron antes de que pudieran salir de la aldea. Iván se colocó delante de ellos, dispuesto a defenderlos. La lucha fue encarnizada y murió luchando por su familia. Los niños le siguieron y Eloise recibió un corte en la mano antes de que su cabeza fuera separada del cuerpo.

Volvió de su ausencia, todavía temblando. Las lágrimas brotaban de sus ojos sin poder impedirlo. Se las secó y se miró la mano. Allí estaba la cicatriz que tenía desde niña y que no sabía cómo se había hecho.

Iván la miró asombrado.

—No llores, no ha sido culpa tuya —le dijo con calma.

—No pude salvarlos, ¡Eras mis niños y los dejé morir! —Eloise estaba desolada.

—Lo sé.

—¿Cómo lo sabes? Era solo un sueño.

—No, mi niña, era real.

Iván le contó que él había tenido las mismas ausencias y que había comprendido que lo que les pasaba era que tenían regresiones y que las cicatrices provenían de sus vidas anteriores.

A partir de ese día las ausencias fueron más llevaderas a pesar de que las heridas del pasado se iban acumulando en su corazón.

Ahora dale a la ilustración para escuchar el relato con mi voz, recuerda que alguna cosita siempre cambio.

🎙🎧👇

Te espero mañana con un nuevo relato, no faltes

@mcnavas1

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About Galiana

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