Una cita con @GalianaRgm: «Tres amigos»

¿Conservas tus amigos de la infancia?

Tres amigos

Nosotros tres siempre hemos estado muy unidos desde el instituto. Sí, ha pasado mucho desde aquello, y seguimos manteniendo nuestra amistad.

Cada uno tiene su vida, sus cosas, aficiones, su manera de ser, de vivir. Eso sí, pase lo que pase ahí estamos los tres, para lo bueno, lo malo o lo que se presente.

No, no somos “Los tres mosqueteros” de Dumas ni nada parecido. Tenemos una historia común o miles de ellas de las que nadie querría escribir un libro; somos tres hombres normales y corrientes, con vidas anodinas, algún que otro pequeño pecado de juventud y poco más.

Por supuesto tenemos nuestros secretos. ¿Quien no guarda alguno con sus amigos de la adolescencia?

Por aquel entonces los tres estábamos en el último curso de instituto.

Fran, el mayor por algunos meses de los tres, tenía la absurda idea de mantenerse virgen hasta el matrimonio. Por aquel entonces a muchos famosos les dio por presumir de castidad luciendo una alianza en el dedo anular. Él se apuntó en plan con esto voy a ligar un montón y además en plan celibato. ¡Locuras de adolescentes para justificarse a sí mismo que las chicas ni le miraban!

La triste realidad es que ninguno de los tres llamábamos la atención de ninguna fémina. Los tres éramos lo que suele denominarse unos empollones y eso, salvo que seas muy pero que muy agraciado físicamente, no es una bonita tarjeta de presentación en la adolescencia. Las chicas del insti se reían del anillo, de Fran, de lo pardillo que era; le buscaban para que les hiciera los trabajos de química y poco más. Él soñaba y soñaba con meterles mano y se masturbaba en su cama con unas y con otras, luego nos lo contaba y a eso se resumía su vida social y sexual.

Luis era el más pequeño de los tres, tan sólo una semana menor que yo. Desde que le conocí supe que era homosexual. No era una loca, nunca le pillé mirando mi pene ni nada por el estilo, fue un pálpito y listo. Es algo que se sabe como yo sé que soy hetero sin necesidad de colgarme un cartel en la frente. Las chicas le ignoraban, lo mismo que a Fran y a mí. En su caso lo hacían porque sus frases no pasaban de tres palabras y la más larga era:

—Me tengo que ir a casa.

Con eso se liga poco o nada. Nosotros éramos sus amigos, nos conocíamos de la guardería, él era mi vecino de toda la vida, si le hubiese visto en el instituto por primera vez me hubiera dado repelús siquiera acercarme.

Yo hasta que terminé la carrera tuve la cara llena de granos con unas cicatrices estupendas. Mis gafas tenían un culo de botella acorde con mi miopía. Ahora estoy operado de ambas cosas. Imberbe sigo siendo; alto y flaco, esto último lo ha solucionado en el gym; ratoncito de biblioteca y el perfecto pagafantas, lo primero no es una cualidad que haya superado y de lo segundo con años de terapia se sale.

La noche de la fiesta de graduación los tres estábamos sin pareja, lo mismo que había sucedido durante todo el curso. Fuimos juntos, como a las otras fiestas del instituto.

Nada más entrar se nos acercó una chica que no era del centro. Rubia, con un vestido impresionante, de esas que uno no entiende por qué quiere estar con tres panolis como nosotros.

Al principio pensamos que era una broma, alguien quería tomarnos el pelo. Cuando hicieron su aparición triunfal los de siempre, esos que se llevan a las chicas como ella con una mirada y comprobamos que les mandaba a paseo quedándose con nosotros nuestro ego se fue inflando de forma desorbitada. Nunca nos habíamos visto en otra parecida, mucho menos ante todo el instituto. Bebimos, bailamos, la envidia de los otros se podía sentir en el ambiente.

En un momento dado ella nos propuso ir a un lugar más íntimo. Yo pensé que se refería a gimnasio del insti, allí solían ir todas las parejas a pasar un ratito feliz.

Luis soltó su frasecita de marras.

—Me tengo que ir a casa.

Ella propuso acercarle en su coche. Ninguno de nosotros tenía carné de conducir. Accedimos. Ella giró por la calle que no era, dijo que antes tenía que pasar por su hotel. Los tres abrimos los ojos como platos. Luis, sentado en el asiento del copiloto protestó con un…

—Mi casa está ahí—señalando el camino por dónde ir.

Ella se acercó a su oído, le dijo algo que ni Fran ni yo pudimos escuchar. Él no dijo nada más y dejó de apuntar con su dedo la ventanilla del coche.

En el trayecto fui pensando que ella se alojaría en un hotel discreto. Me equivoque, aparcó en el más caro de la ciudad. Entró allí en plan diva seguida por nosotros tres como si fuésemos su club de fans. Pidió la llave y subimos los cuatro a la habitación. Nadie dijo ni una sola palabra.

Una vez allí nos pidió que nos sentáramos los tres en el filo de la cama. Se quitó toda la ropa con esa cadencia que con los años aprendí que hacen las mujeres. Yo estaba sentado entre mis dos amigos.

Fran no hacía más que tocarse el anillo de virginidad con una mano y la entrepierna con la otra sin dejar de mirarla. Luis no podía apartar sus ojos de ella. Yo intentaba disimular el bulto que tenía entre mis piernas.

—¿Os parezco una mujer bella?— Nos soltó de sopetón.

Fran empezó a divagar comparándola con una diosa romana o griega o qué se yo mientras seguía tocándose nervioso el anillo y la bragueta. Cuando por fin calló Luis, con una seriedad que nunca le había escuchado expresó su deseo de marcharse con su frasecita de siempre y no se movió de la cama. Después se hizo el silencio.

—¿Tú no tienes nada que decir?–Me preguntó.

La miré con desafió. Ella se colocó delante de mí. Me cogió la mano que yo tenía sobre mi pantalón tratando de ocultar mi erección y me la puso entre sus piernas. Mis dedos se movieron solos. Nunca había tocado esa parte de una mujer y ahí estaba yo, vestido, sentado en el borde de la cama con mis dos mejores amigos y con mi miembro a punto de salírseme del pantalón.

Ella me puso de pie y me quitó la ropa mientras yo seguía con mis dedos dentro de ella.

—Fran, ¿Te gustaría hacer lo mismo?

No sé muy bien cómo pasó. Sentí a mi amigo a mi lado y no sé cómo de notar su ropa pasé a sentir su piel. Vi una mano de Fran en uno de sus pechos. La mano que yo tenía en la entrepierna estaba muy mojada. No puedo recordar si ella le preguntó algo a Luis o no, recuerdo ver su mano en el otro pecho. Todos tumbados en la cama. Yo me la estaba ciscando, ella le estaba haciendo una mamada a Fran y este estaba masturbando a Luis que a su vez me besaba a mí. Todos la poseímos y cada uno de nosotros dejó de ser virgen por cada uno de nuestros orificios.

Cuando todos terminamos nos mandó ducharnos de uno en uno y vestirnos. Nos pidió un taxi a la par que amanecía.

Desde aquella noche a mis amigos y a mí nos han sucedido muchísimas cosas en nuestras respectivas vidas, hemos compartido muchos momentos.

Fran siguió luciendo su anillo de virginidad hasta el día de su matrimonio. Eso no le impidió masturbar a todas las mujeres que quiso. Descubrió que su mujer no era virgen la noche de bodas, con lo cual Luis y yo nos estuvimos riendo de él durante una temporada bastante larga por la cantidad de tiempo que había perdido en mantener una estupidez como esa.

Luis tuvo, sexualmente hablando, una época bastante loca cuando acabó la universidad, luego se aficionó a las relaciones largas. En la última lleva como una década, aunque sé, que lo suyo no es la fidelidad. Y sí, ahora sé que es gay, lo sé yo y el resto del mundo.

Yo llevo tres divorcios a mis espaldas y de cada uno de ellos tengo un hijo. Viendo el carrerón que llevaba con la descendencia, al nacer el último me hice la vasectomía, estoy harto de pagar pensiones. El tema de volver a casarme no lo he desechado, está bien eso de organizar una boda cada cierto tiempo.

Sobre nuestra aventura la noche de la graduación nunca volvimos a hablar hasta hoy.

Esta mañana a los tres nos han metido en un grupo de whatsapp, un número desconocido. En el mensaje nos citaban en un hotel que ya conocemos, debemos acudir esta noche a una hora concreta, ir a una habitación cuyo número recordamos perfectamente. No teníamos que contestar al mensaje, tan solo acudir.

No he llamado a mis amigos para preguntarles qué harán al respecto. Yo tengo muy claro dónde voy a pasar esta noche.

Galiana

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Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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