Segunda parte de «El ocaso de una dama»
Maestra de la conjura
El cabello me había vuelto a crecer. Distaba de la gran melena que tú te llevaste. Las formas de mi cuerpo dejaban atrás la niñez y en mi rostro cada vez quedaban menos granos que lo habían cubierto en la pubertad.
Solo era una sombra más que vagaba por los pasillos y la finca. Cualidades que buscabas y necesitabas: alguien en apariencia imperceptible que se plegara a tus deseos y despertara los de tu esposo, lo suficiente como para desbancar a aquella que arrebataba tu poder sobre él.
Mucho después descubrí que si me habías elegido fue porque esa mañana él me miró. Mi pañoleta se había resbalado de la cabeza. Poco podía sospechar que allá arriba, en el balcón, vosotros discutíais y, en medio de un incómodo silencio, él volvió la vista hacia las mimbreras, donde yo cortaba ramas que después se usarían para atar la viña, justo en el instante en que el cabello me caía por la espalda. Vio mi perfil durante los segundos que tardé en colocarme de nuevo la pañoleta. Después dejó los ojos fijos en mi espalda y tú, al percatarte de ello, entraste en ira.
Vuestra discusión finalizó cuando él cerró la puerta, dispuesto a irse a reencontrar con ella, la otra que lo dominaba como tú no podías. Pediste saber quién era yo y que me llevaran a tu presencia. En el tiempo que tardaron en venir a buscarme a las mimbreras y regresar, meditaste sobre tu delicada posición y la mirada que él me dedicó.
Llegué ante ti temblorosa, temiendo que volvieras a demandar mi cabello, ahora que había vuelto a crecer. Me mantuve lo más digna que supe mientras me evaluabas. Y aquel silencio entre nosotras me provocaba escalofríos. De cerca y tras el paso de los años ya no deslumbrabas tanto como antes. Al menos no para mí.
Me obligaste a dar una vuelta para ti. Me sujetaste por la barbilla y analizaste mi rostro y mis dientes. Hiciste una mueca que me dio a entender que bien poco valía a tu juicio y después declaraste que desde ese instante se me encomendaba servir la mesa de los señores. Una tarea para la que no estaba preparada y en la que hubo de formarme aquella persona a la que ahora yo arrebataba su trabajo. Con rabia me daba explicaciones que trataba de asimilar a la vez que por dentro dolía al saberme culpable de su desgracia.
La torpeza con la que desempeñé mi nuevo menester hizo que él fijara su atención en mí. Tú sonreíste aprobadora y, como una insensata, creí que os mostrabais considerados con mi inexperiencia al ser conscientes de mi buena voluntad.
Me habías puesto a prueba. Solo querías saber si en las distancias cortas sería capaz de atraer las miradas de él. Te bastaron dos semanas para que determinaras sellar el destino de los tres.
Consciente de lo importante que es para una familia humilde, como en la que yo había crecido, ganar el aprecio de sus señores y tener aquello de lo que jamás dispusieron, pediste hablar con mis padres primero. Les prometiste tanto que solo pensaron en alcanzar esas mieles. No puedo culparlos, en el fondo, ellos bien sabían que nunca les dejarías decir que no. Incluso yo lo sabía. Tú eras la señora, nosotros tus vasallos.
Seducir, qué extraña palabra en cuanto la escuché de tus labios. No entendía qué me decías. Nada conocía de esos juegos en los que estabas a punto de implicarme. Aún hoy creo que sigo sin comprenderlos.
No sabía cómo proceder. Desde que con tu caro perfume entraste en la estancia, atraer la mirada de tu esposo se había convertido en mi centro de gravedad. Mis movimientos se volvieron torpes y sin querer derramé la sopa sobre él. Noté tu ira, incluso sin volverme a ti. Sentí que había estropeado tus planes y, mientras trataba de limpiar el desastre, las lágrimas se deslizaban por mi mejilla.
Él notó la turbación que me dominaba y me tomó las manos, compasivo. La forma que tuvo de mirarme a los ojos… Pude sentir como un arroyo la humanidad que desprendía.
Tú me felicitaste después, por lo bien que lo había hecho, ignorando que nosotros ya éramos dos hilos de una misma urdimbre ajena a ti.
Mañana no te pierdas el desenlace final














