Una cita con @GalianaRgm: «Desaparecido»

Hay tragedias que como terremotos afectan a la familia de por vida.

Desaparecido

En Madrid desaparecen niños como en cualquier otro lugar. Aquello podía ser un caso más. En principio cabría la posibilidad de una chiquillada propia de un adolescente para llamar la atención. Con el paso de las horas y las oportunas averiguaciones policiales se evidenció otra realidad.

Transcurridas las primeras 48 horas las posibilidades de resolverse con prontitud y final feliz se fueron evaporando a medida que la angustia de mis padres fue creciendo. Al séptimo día sin noticias de mi hermano la policía comenzó a sugerirnos que nos hiciéramos la idea de no volver a verlo con vida.

Se hicieron llamamientos ante los medios de comunicación. A mis padres se les permitió contar determinados detalles dirigidos a quien le hubiera retenido. Los investigadores estaban seguros de que se trataba de una sola persona y dudaban que fuera a pedir rescate alguno, incluso de que ni apareciera.

Hoy, justamente hoy, se cumplen quince años de todo aquello. Los mismos que tenía cuando desapareció.

Esta madrugada la policía ha llamado a casa de mis padres, y desde allí me han telefoneado para que me acercara hasta allí. Nos han informado de que un chico de quince años, con rasgos físicos similares a los de mi hermano, ha desaparecido en Madrid en circunstancias similares. El caso es tan igual que no han dudado en ponerse en contacto con nosotros.

La policía, ahora, está segura de que mi hermano ha debido estar viviendo con su captor todo este tiempo. Este nuevo secuestro lo achacan o bien a que mi hermano haya huido o bien a que le haya pasado algo. En cualquier caso necesita ser sustituido.

Yo tenía cuatro años cuando desapareció. Mis padres intentaron mantenerme alejado lo máximo posible. Me enviaron a casa de mis tíos a Valencia. Allí he vivido casi siempre. Cuando regresé ya era un hombre y lo hice por tema de trabajo. Mi padre peinaba canas y mi madre se había convertido en una adicta a los ansiolíticos cuya ocupación consiste en permanecer sentada en el sofá, pendiente del teléfono, esperando noticias de su hijo desaparecido. Hoy, cuando les han explicado el nuevo caso ella con media voz ha negado la posibilidad de que su hijo esté muerto. La mirada del policía la recuerdo de cuando era pequeño, a pesar de ser otro agente, es esa que dice: no le puedo confirmar ni desmentir el fallecimiento.

En ese momento mi padre, sin venir a cuento, ha soltado una parrafada sobre las tropelías que hacía mi hermano siendo un crío. Mamá le ha obligado a callar. Después el agente se ha marchado.

Ya había amanecido cuando mi madre me ha puesto un café antes de irme a trabajar. Ha sido en ese momento cuando en el televisor empezaban a informar del secuestro de un joven en Madrid. Estaban poniendo la fotografía del chaval y el parecido entre ambos era asombroso.

Papá, al verle, ha empezado a decir que su hijo iba a volver a casa. La verdad es que no está bien: hace tiempo le diagnosticaron demencia senil. Se ha alborotado al ver la imagen del chico en la televisión. Mamá ha ido a la cocina por un vaso de agua y una pastilla de no sé qué para tranquilizarle.

Mientras se estaba quedando dormido gracias a la medicación ha sonado el timbre de la puerta. En el umbral ha aparecido un viejo conocido de la familia, el inspector que llevó el caso de mi hermano. Se ha pasado media vida entrando y saliendo de casa. Se ha sentado en el sofá como si fuera uno más de la familia después de abrazar a mi padre que sigue en su mundo. Mamá se ha ido a la cocina a prepararle un café.

Ha aprovechado para hacerme una confesión que prefiere que ella no escuche. Está al corriente de la enfermedad de mi padre, sabe que con la medicación recién tomada no recordará nada.

—No sé qué os habrán dicho los compañeros que llevan ahora este nuevo caso. Probablemente habrán insinuado que tu hermano habrá muerto y que por eso el secuestrador ha vuelto a actuar. Lo que voy a decirte no te va a gustar. La persona que se lo llevó hace quince años es un psicópata deseoso de llamar la atención. Durante todo este tiempo le ha educado a su imagen y semejanza. Hace un par de años al secuestrador le fue diagnosticado un cáncer terminal y no le queda mucho de vida. Tu hermano está actuando bajo su dictado, es un alumno aventajado…

Este inspector siempre ha contado historias sobre mi hermano y su captor, mis padres le tienen en un altar. Todas son iguales. Mi hermano siendo un chaval problemático y el tipo que se lo lleva para darle una lección que nunca olvide. Suelen terminar con que se lo queda para moldearle, y bla, bla, bla…

—Tú sabes que nunca fue un niño bueno, ¿recuerdas qué le sucedió a vuestro gato?— interrumpió mis pensamientos con su letanía de siempre.

Me recordó que a los catorce años no se le ocurrió otra cosa que atar al gato que teníamos al árbol y meterle petardos encendidos en la boca. Previamente nos había invitado a un show de magia y allí estábamos los tres, mis padres y yo, para ver aquel horrendo espectáculo. Yo apenas me acuerdo, era muy pequeño.

El inspector siguió diciendo:

— Mis compañeros no van a resolver este nuevo secuestro llevado a cabo, en esta ocasión, perpetrado por tu hermano con la idea de instruir a este chaval como hicieron con él.

No entendía cómo un inspector retirado se atrevía a acusar a mi hermano de psicópata ¿Qué pruebas tenía?

Mi madre decía que el caso de mi hermano le había obsesionado hasta el punto de generarle un tumor maligno en el cerebro hace un par de años. La enfermedad había sido el motivo de su jubilación.

A mí me parecía un viejo loco que buscaba una justificación para cerrar un caso que no había podido concluir y poder morir con la mente en paz.

—Tienes que creerme cuando te digo que informé de todo a mi superior, prefirieron jubilarme a hacerme caso…

Él siguió hablando como si nada…

—Soy culpable de este nuevo secuestro, de que otra familia esté sufriendo como la tuya. Por no hablar del encubrimiento que estoy haciendo de tu hermano. Si decides denunciarme házmelo saber, en unos días y pondré a tu disposición la información de la que dispongo. Sé dónde tiene retenido a ese chico que acaba de secuestrar. Ambos están juntos.

En ese momento le hubiese sacado de casa de malas maneras, pero… justo cuando iba a proceder entró mi madre con el café para el inspector y dijo con esa voz de ya está bien:

—Inspector, deja las historias sobre mi hijo mayor dónde tienen que estar: fuera de esta casa.

Después me miró y exclamó con ese tono que ponen las madres para meter prisa.

—Tómate el café, venga, que vas a llegar tarde al trabajo.

Galiana

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