¿Has hablado con una geisha, una señorita de compañía, o cómo prefieras llamarla?
Geisha
Puta, geisha, señorita de compañía… a mí me da lo mismo, soy lo que soy con independencia del cartelito que tú me adjudiques.
No soy una prostituta de esas que hace la calle. ¡Pobres mías! Esperando a un cliente en las aceras, haga frío o calor, mientras muestran sus encantos por una miseria para ser tratadas como basura por… Ahí está la diferencia entre personas y seres, no hay más que decir. Es cierto que especímenes hay en todas partes y que algunas tenemos más suerte que otras.
En mi caso siempre he tenido apartamento propio. Puesto a mi nombre, sí, donado generosamente por un tipo al que le caí en gracia hace ya tantos años que ni me acuerdo. Por aquel entonces frecuentaba locales de moda y los tipos maduritos me invitaban a copas, me pagaban los estudios en la universidad (sí tengo una licenciatura, un doctorado y soy políglota). Estábamos en cuando los hombres que empezaban a tener canas me colmaban de ropa y zapatos de lujo que utilizaba cuando les acompañaba a determinados eventos. En el lote también entraba el apartado joyas, al principio discretas, con el tiempo algo más caras. En esto, como en todo, los hombres son muy competitivos y quieren ser los primeros.
Para poder tener todo esto no vale sólo con una caída de parpados y un contoneo de caderas; hay que hacer de esta vida una profesión y valer. Lo que viene siendo tener actitud y aptitud.
Los modales son fundamentales. La ley es una señora en la calle y una puta en la cama, vale para las que nos dedicamos al oficio y, sí, también para las que no.
Cuidar las poses en todo momento, nada puede salirse del contexto donde te encuentres. Estudiar en casa, cual actriz, por qué no. Esta profesión es puro teatro. El saber estar y sobre todo el comportarse dentro y fuera del dormitorio tiene que ser natural. Aunque no lo parezca, nadie quiere un robot para algo tan íntimo como es el sexo, al más mínimo desliz estás fuera. Ten siempre presente que te buscan por algo que les falta o no encuentran.
Tu cuerpo, tus manos, tu cabello y por supuesto tu inteligencia son esenciales para ti. Nada de eso te puede fallar. ¿Te imaginas acudir a cualquier evento oliendo a lejía por una indisposición de última hora? Tendría el mismo efecto que llevar un perfume barato, de esos que emborrachan con aroma de mercadillo barato.
Seducir es todo un arte, también averiguar qué es lo que quiere en cada momento la otra persona. He dicho persona, sí, abre tu mente de una vez.
Siempre he distinguido entre el jeta, ese que sólo te quiere para presumir y del que no vas a sacar nada. Cuando se cruza uno así, puerta. No estoy aquí para ser el mono de feria de nadie. Esto es un negocio en el que soy la reina, sólo se acepta a quienes cumplen mis normas.
Nunca he aspirado a un anillo en el dedo, eso sólo pasa en las películas. La vida real es para vivirla; en este mundo no caben los sueños.
Aquí la que hace soñar soy yo poniendo en práctica el Kamasutra, tirando del tántrico, liando a quien sea para hacer lo que yo quiera sin que se note y sacando provecho.
Vuelve a decirme que soy puta, geisha, señorita de compañía… con tu voz de cabrón de medio pelo después de haberme pagado una factura exorbitante en una de las más prestigiosas tiendas de moda de la ciudad. Seguiré sonriendo con mi labial rojo y jamás descubrirás lo mucho que te detesto porque, querido, esto es solo un negocio y tú uno más de mis clientes.
Galiana













