¿En tu vida hay muchos peros?
Pero…
La primera vez que escuché la frase «el espectáculo está a punto de comenzar…» pensé que se refería al nacimiento de un bebé, pero… ¡hay que joderse! cuando aparecen los peros siempre es señal que lo siguiente no es bueno, aunque eso no significa que sea malo del todo, más bien que no contabas con ello, lo que viene siendo un imprevisto.
La frase completa es del genial Hitchcock: «El espectáculo está a punto de comenzar. No se alarmen, a ninguno de ustedes les cobraremos la entrada.» En relación a una vida por llegar tiene su aquel, los hijos cuestan más de lo que uno se cree, ¡vaya si cuestan! Aquellos que los hemos tenido que mantener lo sabemos aunque no los hayamos parido porque la naturaleza nos ha eximido de tener que hacerlo, gracias, Madre Naturaleza, por dejar que las mujeres sean las que se encarguen de este asunto, nosotros hubiéramos fracasado totalmente.
Dos hijos he tenido, de dos mujeres diferentes, uno que no aprende lo que debe en el momento en el que debe y cuando se da cuenta de ello ya es demasiado tarde, pero… otra vez los dichosos peros.
De mi hijo mayor puedo decir su fecha de nacimiento con la misma exactitud que los céntimos me ha costado cada minuto de su educación. Hará unos cinco años que terminó Derecho, y desde entonces prepara oposiciones a juez o al menos para eso le pago cada mes a un preparador. No sé si me sobrepasa en altura, ni siquiera sé cuál es su talla de ropa, mucho menos, si tiene pareja. No recuerdo la voz que tiene, desde hace años le pongo un felicidades escrito en el teléfono y me contesta con un escueto gracias al que ni siquiera añade la palabra papá, es lo que tiene no habérsela enseñado.
Con mi hijo pequeño aprendí a cambiar pañales y dar biberones, a esa edad en la que uno debe ejercer más de abuelo que de padre. A pasar tardes con cuadernillos de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones mezclados con los de escritura, luego pasamos a tener aquella asignatura que se le atragantó desde el primer día, el dichoso Conocimiento del medio, una mezcla entre las Sociales y las Naturales de toda la vida. También a madrugar los sábados, a pesar de no tener que ir a trabajar, para llevarle a los partidos de la liga de fútbol infantil allí donde el calendario hubiera decidido que debíamos ir. Justo cuando estaba preparándome para pelearme con su adolescencia, él y su madre, sobre todo ella, me enseñaron el dedo corazón como jamás pensé que lo harían. Desde entonces nuestra relación se redujo a una trasferencia bancaria mensual que no sé en qué gasta su madre. Todavía es menor de edad por lo menos hasta el mes entrante, ni siquiera tengo un número de teléfono donde ponerle un felicidades el día de su cumpleaños, se lo dejo en el de la madre que a buen seguro no le dirá nada. Ella es de las que no perdonan un error. Cuando supo lo mío con la vecina de arriba, lo cual se redujo a un polvo, un buen polvo eso sí, fue cuando vino lo del dedo y algunas otras palabras más gruesas que todavía resuenan en mis oídos.
Ahora que el espectáculo está a punto de acabar sólo puedo decir que he pagado una entrada por encima de mis posibilidades, pero… ¡Ya estamos con los jodidos peros! A pesar de todo eso puedo decir que los calificativos excelentes, estupendo e incluso perfecto forman parte de ese precio, de lo cual me alegro enormemente porque no podría haber sido de otra manera.
Galiana













