Una cita con @GalianaRgm: «El músico»

¿Sientes curiosidad por conocer la vida de tu cantante preferido? Pasa, pasa que te la voy a presentar.

El músico

El público me aclama, corean mi nombre. Se encienden los focos. Suenan los primeros acordes tocados por la banda. Salgo al escenario. Me coloco frente a una muchedumbre de personas que sólo quieren escuchar mis canciones. Comienza el show. Los temas de siempre se entremezclan con los nuevos. Letras de canciones que hablan de ser fuerte, de luchar contra todo y todos, de enarbolar banderas, de causas justas, de avanzar, de no mirar atrás, de levantar los brazos.

Termina el concierto. Las luces se apagan. La gente feliz, poco a poco, va desalojando el recinto. En el camerino estoy solo. Todos ya se han ido. Me doy una ducha. Voy recogiendo mis efectos personales. Miro mi guitarra, con la que he compuesto la mayoría de los temas que han sonado con fuerza en el concierto que acaba de terminar.

Fuerza, esa es la palabra. Fuerza, fuerza, fuerza… como si no existiera otra en el universo. Todo el mundo la repite una y otra vez, tanto lo hacen que la vacían de contenido. Estoy convencido que nadie entiende realmente su significado.

Apenas mido 1,65, para ser un hombre soy bastante bajito. Después de una actuación como la de hoy habré perdido unos tres kilos, no pasa nada, tengo gente a mi alrededor que se preocupa porque no adelgace demasiado. Interesa seguir dando la imagen de un tipo flaco y desgarbado, aunque mi delgadez no debe confundir en ningún momento, no debo parecer enfermo, en seguida me colocarían (como a la inmensa mayoría de los músicos) el cartelito de coquetear con alguna sustancia tóxica.

Tóxica es una de esas palabras que no me gusta. Creo que nunca la he incluido en el texto que ninguna de mis canciones. Me recuerda a determinados fármacos que tomo para poder superar el sentimiento de fragilidad que llevo años escondiendo.

A nadie le interesa un músico frágil, lleno de miedos, que utiliza sus canciones para cuestionarse su identidad, sus creencias, para quejarse de su soledad, de sus insatisfacciones para consigo mismo. Todo eso vende si es producto de un desengaño amoroso, no es mi caso, así que tiene que quedarse escondido donde nadie lo pueda encontrar nunca.

El público no quiere escuchar cómo alguien se odia a si mismo, como se compadece sin una causa concreta, como se lame unas heridas que se ha provocado. Sobre eso no se pueden escribir canciones, les recuerdan demasiado a los problemas que le cuentan a su terapeuta y entonces ni compran tu música ni van a tus conciertos.

Quienes siguen mi música quieren una canción fácil para pasar el rato. Ese tiempo equivale a poco más de dos segundos en lo que podría ser toda su vida. Vivimos en un mundo tan sumamente competitivo que escribir algo así en tan breve espacio de tiempo y con tanta intensidad es complicado, debe hacer feliz en menos de lo que dura un suspiro y quedar en la memoria eternamente.

Suspiro porque me doy cuenta de que el tiempo se me ha pasado aquí sentado en el camerino sin hacer nada. Hace horas que debí haberme ido casa. Cojo mi guitarra. Me la cuelgo a la espalda. Salgo del habitáculo que por esta noche fue mi hogar, entendiendo como tal el lugar donde uno se siente cómodo. Echo un último vistazo antes de salir, puede que vuelva en la siguiente gira o puede que no. Apago la luz. Cierro la puerta y continúo mi camino.

Galiana

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Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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