Vuelvo por aquí para pasar otro martes contigo y platearte una pregunta ¿Todos tenemos un lado oscuro?
El lado oscuro
Aquella noche ella estaba rara, o mejor dicho, más que de costumbre.
Cenamos en silencio, cosa extraña porque ella mientras comíamos siempre tenía que comentar algo acerca del trabajo, del suyo, del mío; de su familia, de la mía; del vecino de arriba, de la vecina de abajo; o se ponía a hacer zapping con el mando de la tele cambiando constantemente de canal hasta que me volvía loco; el caso era que hubiera ruido mientras tomábamos una cena insípida, insulsa, que sabía a hastío, rutina y fracaso, todo ello revuelto y sazonado con desgana, medias verdades y alguna que otra deslealtad.
Me estaba acostumbrando a aquel silencio cuando de repente preguntó, medio en broma medio en serio, como si hubiera bebido alcohol o tomado alguna sustancia psicotrópica cuando realmente sólo había ingerido algo de agua:
—¿Crees que todos tenemos un lado oscuro?
Se me atragantó el yogur. No sabía qué contestarle. No ignoraba los motivos que tenía para hacerme aquella estúpida pregunta. Me limité a encogerme de hombros, a seguir metiéndome de forma mecánica más cucharadas del dichoso producto lácteo para acabar cuanto antes de cenar.
Recogimos la mesa en silencio, sin mirarnos. Después hicimos lo propio con la cocina. Nos sentamos a ver la tele, como cada noche. Ella quiso que viéramos un concurso de cocina. Yo no sabía muy bien por qué si no le gustan, a pesar de eso no dije nada. Mientras parecía disfrutar con aquella pamplinería de ver a famosos entre fogones yo enredaba en el móvil leyendo alguna imbecilidad de las redes sociales. De repente volvió a la conversación del lado oscuro.
—Si yo tuviera ese lado oscuro me gustaría asesinar a alguien.
Deje de mirar el móvil y puse toda mi atención en ella. No sabía si aquello era un juego macabro, una inmensa estupidez o se estaba haciendo la graciosa, lo único cierto es que no me estaba gustando nada el cariz que aquello estaba tomando. Ella continuó:
—Cuando me refiero a asesinar a alguien lo que quiero decir es que estoy pensando en alguien concreto, alguien cuyo nombre conozco y que tú también conoces. Alguien que me has escuchado nombrar más de una vez…
Quería que se callara. Que siguiera viendo el dichoso concurso de cocina o que se marchara a la cama como hacía casi todas las noches. Por algún motivo que se me escapaba estaba interesada en seguir hablando sobre el lado oscuro, lo hacía poniendo esa vocecita de hacerse la interesante cuando el tema no tenía gracia ninguna…
—Todos tenemos un lado oscuro, lo he leído en un reportaje en internet. Sinceramente creo que quien lo ha escrito se equivoca, yo carezco de ello, ¿verdad que no lo tengo? ¿verdad que es una suerte para ti que yo no lo tenga?
Entonces cogí el cojín que tenía al lado, se lo puse sobre la cara y apreté hasta que dejó de respirar. Mientras movía las manos intentando zafarse le dije:
—Es una suerte para mí que yo sí tenga ese un lado oscuro sobre el que has leído.
Galiana













