Una cita con @GalianaRgm: «Cosas de otros»

La vida nos parece muy segura, muy rutinaria, los días iguales, repetitivos. Cierra los ojos e imagina qué pasaría si algo sucediera y todo de la noche a la mañana…

Cosas de otros

No sé cómo decírtelo, pero jamás imaginé que nos veríamos envueltos en un asunto como éste. Ya, ya sé que este tipo de cosas pasan, que nadie está exento de ellas, pero tú y yo no somos personas a las que nos puedan ocurrir cosas así.

Siempre hemos llevado una vida de lo más normal. Los típicos hijos de familia bien, en colegio de élite en el extranjero, ayudados económicamente por nuestros padres para abrir nuestro negocio. Los que se hacen novios en la adolescencia y ahí siguen. A los que la suerte les acompaña sin tener que seguir con el negocio de sus respectivas familias.

Jamás hubiéramos imaginado que nuestro mundo, tan ordenado como previsible, en cuestión de minutos se convertiría en este caos en el que llevamos viviendo esta semana.

Me miro al espejo y me veo diferente. Me he tenido que cortar el pelo y lo he teñido de rubio platino, llevo unas lentillas verdes. Así que no, no parezco yo. Tú tampoco eres tú con la cabeza rapada y sin tu barba.

Nunca nos habíamos alojado en una pensión donde la cutrez es la nota imperante, donde preferimos dormir sentados en la silla porque las sábanas apestan a sudor por mucho que la dueña diga que están limpias. ¿Y el baño? No ha visto jamás la lejía.

Hace siete días nos estábamos en nuestro estudio, tarde, excesivamente, como siempre que tenemos algo importante entre manos. Dábamos los últimos toques a la campaña publicitaria que nos había encargado una empresa de alimentación, al día siguiente teníamos que presentarla. Tú y yo nos sentíamos orgullosos de nuestro trabajo, mucho más que de costumbre. El cliente nos iba a pagar mucho dinero, más de lo habitual, estas cosas pasan. Por fin nuestro negocio empezaba a dar ganancias a lo grande.

Disfrutábamos de nuestro triunfo cuando sonó el timbre. Tú fuiste a abrir en plan soy el hombre y no dejaré que nadie entre a estas horas. Me dio hasta risa tu decisión, tú que siempre has sido bastante cobarde para estos asuntos. Lo siguiente que recuerdo fue un tipo más grande que tú, y eso que eres bastante alto, apuntándote con un arma en la cabeza. Tras él apareció otro que cargaba un compañero apoyado en el hombro. Le tiraron encima de la mesa tras haber echado todo al suelo de forma violenta justo donde nosotros unos instantes antes habíamos estado trabajando.

El tipo que lo puso allí me obligó a apretar la herida que tenía sobre el vientre mientras hacía una llamada. Unos diez minutos después apareció otro hombre que le extrajo una bala, le cosió allí mismo y después se lo llevaron. El hombre, el que había estado todo el tiempo apuntándote con el arma en la cabeza nos dejó bien claro que nada de policía. Al rato se largó también y nos dejó abrazados y llorando como dos idiotas muertos de miedo. Nos fuimos de allí después de limpiarlo todo en silencio y sin mirarnos.

Tres horas más tarde, ya en casa, cuando aún seguíamos temblando, vino la policía a decirnos que se había producido una explosión en el estudio.

Habíamos seguido sus normas. No entendíamos nada.

Nos hicieron ir a comisaría para interrogarnos. Tenían razones para creer que había sido provocado. Nosotros declaramos que no sabíamos nada. Es más, confirmamos a la hora que habíamos salido de trabajar omitiendo, evidentemente, lo que había sucedido. ¿Quién iba a creer una historia como la que podíamos contar? ¿Realmente qué sabíamos? Si habían sido capaces de quemar nuestro estudio ¿qué no harían con nosotros dos?

Nada más volver de la comisaría nos encontramos un regalito. Una fotografía, tuya y mía, con los ojos recortados, sobre la encimera de la cocina de nuestra casa. Supimos que huir era nuestra única salida.

Desde entonces cada noche dormimos en un antro infecto diferente. Cada día nos hacen saber que nos han encontrado. No tenemos ni idea de quienes son. Tú y yo sabemos que podrían matarnos en cualquier momento, si no lo hacen es porque no quieren.

Ambos nacimos en familias donde suceden este tipo de cosas. Sabemos el final.

La cuestión es que siempre le sucede a otros, nunca a nosotros.

Galiana

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