INTRO:
En algún momento de nuestras vidas nos ha dado por escribir un diario donde expresar los más puros sentimientos, intentando transmitir con palabras las experiencias vividas.
¿Qué hubieras confesado en él?
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Querido diario
Querido diario:
Me miro al espejo y tengo la sensación de que ya no soy la misma, de haber madurado de golpe. No sé muy bien qué voy a hacer con todo esto.
Por más vueltas que le doy al asunto, más me doy cuenta de que tenía que haber hecho caso a mi mejor amiga (sabes que no pongo nombres para no incriminar a nadie), mira que me lo advirtió: “no vayas sola, déjame que te acompañe, que este tío va a lo que va”. Como tonta caí en su trampa.
Táchame de inocente, de ingenua o de imbécil. Me sentía muy segura de mi misma y convencida de que no iba a llegar a ese punto. Habíamos quedado en su casa, una noche, sus padres estaban de viaje el fin de semana. Solos, él y yo. Me propuso pasar todo el finde juntos, hablando con una de mis amigas para que me ayudara con la mentira y convencer a mis padres de que me iba a su pueblo con ella. Me negué, algo dentro de mí no quería ponérselo tan fácil, aunque, por otra parte, ni pensaba que fuera a ocurrir. “Que no, que no y que no”, me había dicho mil veces, “yo sé cómo pararle los pies”.
El plan se tradujo en peli y palomitas, era verano y yo tenía de hora hasta las doce de la noche, al igual que Cenicienta. Aún miro hacia atrás y no sé cómo pudo ocurrir.
Empezamos a ver el film, creo que es la peli romántica del verano, la descargó de internet. Me dijo que esa la quería ver conmigo, que había estado esperando ese momento, que no quiso ir al cine con nadie. Hacía mucho calor, no tenía ventiladores y comentó que el aire acondicionado estaba roto. Me preguntó si podía quitarse la camiseta, que si no, no iba a dejar de sudar, y que entre el calor de las palomitas y el abrazo que me estaba dando ya no aguantaba más. Por supuesto se lo permití, eso no hacía daño a nadie. No era la primera vez que iba a ver a un chico sin camiseta, ¿verdad?
Supongo que fue en ese momento cuando todo se fue complicando. Me abrazó, me besó, el aire era demasiado cálido. Sus manos tocaban mi piel con una sensación eléctrica que nunca me hubiera imaginado. Mi cerebro desconectó, solo podía sentir, no pensar. Sucedió. Terminamos acostándonos.
No sé si por suerte o por desgracia, ya eran las doce menos cuarto, me vestí lo más rápido que pude y me marché. No me acompañó, alegando que tenía que recoger todo aquello. Que si sus padres volvían no quería dar explicaciones.
Camino a casa sentí una extraña ligereza en los pies, no podía creerme lo que había ocurrido, por un parte me preguntaba cómo iba a explicárselo a mi amiga, mira que me lo había advertido, y por otra una sensación extraña se apoderó de mí, una mezcla de felicidad y miedo.
Te cuento todo esto porque de eso han pasado ya más de dos meses. Después de esa noche le he llamado más de quinientas veces al día y nada. Le he enviado más de mil mensajes, sin respuesta, me ha bloqueado. Hasta me atreví a telefonearle al fijo de su casa, y su madre me despachó con un “Mira, bonita, si quieres algo le llamas al móvil que para eso le tiene”, ni me escuchó. No le va a quedar otra que verme cuando empiece el instituto.
No voy a pedirle explicaciones, eso da igual, ahora me doy cuenta de cuáles fueron sus intenciones desde el principio. Tan solo decirle que hay algo que no funcionó bien en su plan y que estoy embarazada.
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