INTRO
El amor depende de los enamorados y de todo lo que les rodea. Ninguno conocemos sus circunstancias y no se debe juzgar, pero
¿Firmarías un contrato matrimonial?
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El contrato
Acabo de salir de la reunión. Lo que tarde
en llegar a casa. No te preocupes.
03:10
Envío el mensaje mientras me meto en el coche y me desajusto la corbata. El día ha sido largo, muy largo, estoy agotado, aunque al final ha merecido la pena.
Con sinceridad no sé por qué la escribo. Supongo que para seguir aparentando el papel de marido perfecto. Hace años que no lo soy y que ya no siento nada por ella.
Quizás lo sospeche, no lo sé y tampoco me importa, tuve mis precauciones con el contrato matrimonial antes de casarnos, siempre he sido de los de “más vale prevenir que curar”. En él se especificaba con claridad que los bienes serían gananciales, mientras que ella no se divorciara de mí no me importaba mantenerla. Si lo hacía no tendría que pagarle ningún tipo de pensión ni nada, puesto que mi negocio es mío, se quedaría en la calle, sin más.
Me conozco a la perfección y a pesar de que en ese momento estaba enamorado, siempre he sido un hombre práctico, ante todo, ¡nunca sabes lo que puede depararte la vida! Además, en mi status social era muy importante la apariencia de hombre casado y “enamorado”.
El semáforo en rojo me obliga a parar, aprovecho el momento y envío un mensaje predeterminado a la que ahora es mi amante, tampoco sé cuánto tiempo durará, pero me divierto con ella y eso es lo que importa.
Lo de esta noche ha sido espectacular. Cuando
pueda librarme de mi mujer te llamo y repetimos.
Lo que me haces sentir es propio de
una diosa. Te quiero.
03:25
Volviendo a mi esposa, recuerdo que estuvo de acuerdo con el contrato pero quiso añadir una pequeña cláusula. Por supuesto que le deje ponerla. Primero, sabía que si no jamás firmaría y segundo, no suponía riesgo para nada. Decía algo así como que si ella descubría que yo le era infiel, mi casa, mi empresa, en definitiva todos mis bienes pasarían a su nombre, dejándome en la más absoluta ruina. Eso sí, siempre tenía que existir una prueba de mi deslealtad.
Suena un mensaje del teléfono. Ya lo miraré cuando llegue a casa. Estoy tan cansado que si me despisto un segundo, cabe la posibilidad de tener un accidente. Menuda nochecita que acabo de pasar, me ha dejado exhausto, ¡qué buena es en la cama! Además, apenas quedan cinco minutos para llegar.
Por supuesto, vuelvo a repetir que soy un hombre precavido, de esos que no comenten errores, por lo tanto jamás ha tenido ninguna prueba de mis devaneos. Estoy muy tranquilo.
Por fin llego a casa. Me bajo del coche, miro el mensaje que he recibido. Y entonces, comprendo que el cansancio me ha jugado una mala pasada.
Mi amor
últ. vez a las 03:25
Acabo de salir de la reunión. Lo que tarde
en llegar a casa. No te preocupes.
03:15
Lo de esta noche ha sido espectacular. En cuanto
pueda librarme de mi mujer te llamo y repetimos.
Lo que me haces sentir es propio de
una diosa. Te quiero.
03:25
Han sido muchos años esperando que el hombre
perfecto cometiera un error. Por fin lo has
hecho. Lo siento, “cariño”, estás arruinado.
03:30
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