Juega con los «Relatos Musicales» de @yugm76 en octubre: La promesa

Las vivencias que tenemos en la niñez son lo que nos forja como adultos el día de mañana. Los recuerdos de aquella época nos acompañarán toda la vida.

¿Qué inmortalizas tú de cuando eras niño? ¿Hiciste algún juramento?

RECUERDA: Clica en el banner y sabrás las reglas del juego

La promesa

Las vacaciones las pasaba en el pueblo con mis abuelos. Mis padres trabajaban mucho, muchísimo, diría yo. En cuanto terminaban las clases me montaban en el coche y ¡hala!, a hacerlos compañía que están muy solos.

Ellos, por supuesto, estaban encantados, poder pasar esos días al año con su nieto era fantástico. Así que en vacaciones de Navidad, Semana Santa y, sobre todo, el verano, vivía con ellos.

Allí aprendí a montar en bicicleta, a mantener la leña en un lugar seco para encender la chimenea en invierno, a preparar comida en la barbacoa, etc. Una gran cantidad de cosas que jamás he podido olvidar, pero sobre todo recuerdo dos, el amor de mis abuelos, el tiempo que empleaban en mí, y a Samu, un chaval de mi edad, con el que por aquella época corría mis mejores aventuras.

Junto a él recorrí el pueblo en bicicleta a una velocidad de infarto; nos bañamos en la charca desnudos; perseguíamos gatos; nos quedábamos hasta las tantas por la noche hablando en la bohardilla de la casa; ideamos alguna que otra travesura; siempre estábamos inventando cualquier locura; incluso creo recordar que nos “enamoramos” de la misma chica.

¡Éramos inseparables!

Aquellas vivencias nos impulsaron a hacer un juramento: “Estaríamos ahí el uno para el otro en los momentos difíciles, siempre seríamos amigos”.

Sin embargo llegó la adolescencia, mis padres pensaron que ya era mayor y que tenía que ayudar en la tienda. Además, los abuelos ya se estaban haciendo viejos y no “podían” encargarse de mí. Decidieron que no volviera al pueblo. Me despedí para siempre de mis abuelos y de Samu.

Jamás regresé, hasta hoy. Mi abuela ha fallecido.

Admito que nunca se me había planteado esa posibilidad, para mí siempre iban a ser eternos y aquí estoy, delante de su tumba, viendo el ocaso de mi abuelo en su silla de ruedas.

Una mezcla de sentimientos se acumulan en mi interior, la culpa, el abandono, la soledad… Tengo un nudo enorme en la garganta, pero no quiero llorar, no delante del abuelo, “ser un hombre y apretar los dientes” como él dice, aguantar todas las condolencias. Cierro los ojos para evitarlo.

De repente alguien me abraza, y me calmo. No existe tanto dolor, solo un recuerdo de paz, tranquilidad y en particular de una promesa. Abro los ojos, en un primer momento no sé quién es, pero su mirada me lo dice todo. Es Samu, que por supuesto ha venido a cumplir su parte del trato.

@yugm76

La solución al juego la tienes clicando en la imagen

Acerca de Galiana

Escritora, creativa
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