Las «Letras calientes» de @AlexFlorentine: Ghost

Ghost

Estoy harto de verla pasar y de que la brisa de su ser inmaterial me desplace. Harto de estirar mi brazo y no poder tocarla. Harto de que haga tantos años que nadie habite esta casa por el irracional miedo de los humanos. Según las gentes, una pareja vaga por las estancias, dicen que la casa está encantada. Tampoco somos escandalosos, no llevamos cadenas ni ululamos como en los cuentos. Solo gemimos y gritamos; chillamos, cuando tenemos oportunidad de hacerlo. Me voy a explicar y os cuento la última vez que tuvimos esa facultad.

Corría la década de los noventa y nuestros cuerpos seguían en la pared. Secos y tiesos como la mojama después de haber sido emparedados por un asesino en serie en los 70, que ni idea si siguió haciendo de las suyas o qué. Una pareja joven compró la casa barata, importándoles nada las habladurías.

Eran unos chicos que tenían gran actividad sexual. Yo me quedaba muerto -valga la redundancia- viéndoles disfrutar de cada poro de su piel. Mi amada, junto a mí, observaba las escenas y sus cuencas vacías suplicaban mirándome porque su hueco bucal ansiaba algo que yo ya no poseía entre mis piernas.

Y así fue nuestra última vez hasta ahora.

Aprovechamos una noche en la que celebraban su aniversario de bodas. La casa ya estaba amueblada y estaban sentados viendo la televisión. Una botella de algo alcohólico vacía sobre la mesa, restos de aperitivos sobre ella y la alfombra. Los dos tenían una borrachera considerable.

Yo entré en él sin mucha dificultad, pues estaba bebido y lo que sintió fue una especie de atragantamiento. Ella saltó y dijo que algo la había tocado. Pero no dio tiempo a más. Lo malo de aprovechar esa ocasión, fue que lo que mi amada ansiaba no acababa de ponerse a tono a costa del alcohol en sangre que tenía el muchacho. Por más que yo tocaba su cuerpo, saboreaba por fin su piel y palpaba su interior, no había manera. Y no podíamos permitir que se durmieran. Lo que se me ocurrió fue ir a vomitar dejando a mi amada camino de la habitación.

Con el alcohol del estómago del chico fuera, la cosa comenzó a animarse, en sentido literal y figurado. Al menos reaccionaba a las caricias de sus manos.

¡Madre mía, el tiempo que hacía que no sentía la humedad y calor de su boca! Comencé a gemir, eliminando por el sudor el alcohol sobrante y viendo que podría, por fin, consumar después de tantos años. Me sumergí dentro de ella aún sintiendo su aliento en mi piel. Jugamos con los cuerpos de los chicos como les habíamos visto hacer a ellos; en posturas que creíamos imposibles, pero que realmente eran alcanzar el universo. Toda la noche rememoramos lo que días antes habíamos visto; una y otra vez y con cada rincón del cuerpo. Hasta caer rendidos. Hasta que nos dormimos.

Al día siguiente, nuestros cuerpos seguían entre los ladrillos. Nosotros siendo poco más que humo y cogidos de la mano. Viéndoles dormir abrazados por última vez.

 

@AlexFlorentine

 

Acerca de Galiana

Escritora
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3 respuestas a Las «Letras calientes» de @AlexFlorentine: Ghost

  1. antoncaes dijo:

    Que fantasía mas fantasmal. No sé si eso será posible, ni siquiera sé si existen los fantasmas.
    Muy interesante relato y caliente.

    Me gusta

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