Sin libertad de expresión

Hoy en día quedar con un grupo de amigos o conocidos es un peligro. Lo es si eres una persona que te gusta desde la libertad manifestar tu opinión sobre cualquier tema.

Suena terrible pero es la verdad.

Durante unos minutos pensemos en ello, ahora que llegan las Fiestas y si la pandemia lo permite socializaremos algo más.

Estas reuniones familiares, de amigos, conocidos o compañeros de trabajo se han convertido en un speak corner. El personal está deseando acudir para, tras los saludos de rigor por pura educación, soltar un discurso trufado de faltas de respeto hacia quienes no concuerdan con sus ideas políticas, sociales o vaya usted a saber qué. La intención no es crear mal ambiente, que al final es lo que acaba pasando, es obligar al resto de acompañantes a posicionarse.

Una vez hemos soltado ese discurso en el que no tenemos una postura sobre nada, sólo frases hechas que hemos oído en la tele adornadas de insultos, viene la segunda parte. Quienes nos han escuchado dan su parecer.

Puede suceder que se alineen con nosotros. Aquello se convierte en un estercolero contra quien o lo que sea sin debate de ideas y todos tan contentos.

¿Qué pasa si alguien discrepa? ¿si además lo hace con un argumentario sólido donde hay ideas, puede que acertadas o erróneas, pero sin una sola falta de respeto hacia nadie o hacia nada?

Viene la parte más jugosa de todo esto.

Entra en juego el género, sí. No se contesta igual si la persona que ha osado responder con ideas es un hombre o una mujer. En caso de ser un tipo se suele decir, por supuesto sin argumento alguno, tienes que escucharme”, “hazme caso, sé de qué va esto o alguna otra frasecita del mismo estilo.

En el supuesto de ser una mujer aparece la palabra listilla como poco, tras la misma se alude a cualquier aspecto físico de la interfecta, a su estado civil o, por algún extraño motivo, se afirma que habla así por venganza, aunque nadie sabe de qué, e incluso se insinuará que no le rige muy bien la cabeza. Esto suena y huele a machismo en pleno siglo XXI, y lo es.

Ahora que tenemos por delante semanas de reuniones sociales estas situaciones aparecerán, deberíamos darnos cuenta que en este país hace tiempo no podemos expresarnos con libertad. Esta ha quedado reducida a un concepto escrito en un trozo de papel que no entienden quienes en lugar de conversar agreden verbalmente a aquello o aquellos que, dado su ínfimo nivel intelectual, no comprenden, obligando con su estulticia a que otros callen para no estar obligados a posicionarse y con ello tener la fiesta en paz.

La columna de los lunes no regresa hasta enero de 2022.

¡Felices Fiestas!

Galiana

Recuerda, puedes escuchar la versión en podcast en el canal Galianaescritora de Telegram

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Acerca de Galiana

Escritora
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2 respuestas a Sin libertad de expresión

  1. Sara dijo:

    Hola Galiana, es una pena pero muchas veces ocurre, mi pregunta es como hemos llegado hasta aquí? Creo que la clave sigue estando en la educación recibida.
    Un abrazo.

    Me gusta

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