Libertad de expresión, ya

El estado de alarma es historia, se ha abierto paso a la “nueva normalidad”. Un espacio de tiempo, no se sabe bien hasta cuando, donde estamos tutelados por un Real Decreto en el que nuestros Derechos y Libertades no son los mismos de antes de la aparición del Covid-19.

Algunos de los Derechos y Libertades que nos han cercenado para nada tienen que ver con el virus, pero como este gobierno apuesta por conjugar el verbo tutelar nos ha limitado aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Se puede entender el uso obligatorio de mascarillas, el guardar la distancia de seguridad, el lavado de manos… Todas medidas encaminadas a salvaguardar la salubridad de la ciudadanía. Es normal que se apliquen en comercios, casas, transporte público, restauración, espectáculos, deporte, en todo aquello que implique un contacto con otras personas. Nos podrán gustar o no, las podremos encontrar ridículas o tontas. Son obligatorias por y para nuestro bien, aunque algunas personas hagan caso omiso y legalmente sean multadas por ello.

Lo que es inadmisible es el control sobre la libertad de expresión en esta “nueva normalidad”.

Sí, desde que esta pandemia hizo su aparición expresarse libremente no está prohibido de forma expresa, a tanto no llega el gobierno, pero sí tácitamente gracias al patético guerracivilismo en el que nos ha metido a todos.

Hoy en día decir en Redes Sociales cosas como: “La más que cuestionable gestión del Gobierno en la crisis sanitaria del Covid-19…” es pedir a gritos que te coloquen el cartel de facha, o que en la red social donde lo hayas manifestado desaparezca, por arte de magia, lo que has expuesto e incluso tu cuenta. Si se te ocurre afirmar: “Cuando terminen los ERTES la cifra de parados será insoportable…” te va a suceder tres cuartos de lo mismo. Pronunciar: “Tengo amigos de izquierdas que no ven bien que el Ingreso Mínimo Vital sea eterno” es tanto como ponerte la soga al cuello.

El Gobierno no soporta las críticas y sus aplaudidores tampoco.

La oposición y la derecha tampoco se quedan atrás.

En el momento en el que le echas una flor a Casado, aunque sea para alabar el color de su corbata los de Abascal se lanzan a tu cuello como hienas. Dentro del propio PP, no es lo mismo ser Egeista que Cayetanista; te expresas y el otro interpreta que vas en su contra.

La neutralidad, la equidistancia han desaparecido, impera para todo el estás conmigo o contra mí.

La libertad de expresión está missing incluso en temas como el feminismo. En el momento en que discrepas con las mujeres (alguien puede definirme el término las mujeres, por favor), y sueltas: “Yo, este año, hubiera suspendido el 8M”, tienes una jauría desatada diciéndote que cómo siendo mujer se te ocurre algo así.

La “nueva normalidad” no incluye el derecho a la libertad de expresión y este gobierno aplaude que así sea.

Así vamos mal, muy mal.

Galiana

 

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Escritora
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