Elvis Christie, alias @Sancheztowers: La vida en la boca

Golpeó con suavidad en la aldaba de la gran puerta de la casa del artista. A pesar de que eran vecinos desde siempre, la persona de Leonardo da Vinci le imponía respeto. No lo conocía demasiado, a diferencia de su marido, y acudía a la cita con una mezcla de aprensión y orgullo: el famoso Leonardo iba a pintarla a ella, Lisa Gherardini.

Fue conducida por el interior de aquella pintoresca casa hasta un estudio situado en la planta superior, con grandes ventanales cubiertos a medias por unos cortinajes traslúcidos que filtraban la luz dando a la estancia una luminosidad peculiar. Leonardo la saludó de manera cortés y le indicó que se sentase en una butaca y se pusiera lo más cómoda posible.

Lisa se acomodó las vestiduras y colocó las manos frente a ella, intentando ocultar su incipiente embarazo. Se decía que Leonardo era un gran observador y no quería que se conociese su estado antes de habérselo anunciado a su esposo, para lo cual aún faltaban semanas.

–Así está bien –indicó Leonardo–. Aunque hasta pasados unos días no comenzaré con el esbozo del rostro, es conveniente que vaya ensayando el gesto: ni triste ni excesivamente alegre.

Dicho esto, dio unas palmadas y accedieron a la estancia unos músicos y un bufón. Los músicos afinaron los instrumentos y empezaron a tocar; el bufón bailaba. Acto seguido Leonardo comenzó a dibujar sobre el lienzo y Lisa se perdió en sus pensamientos.

«Ni triste ni alegre, pero tampoco quiero poner cara de bobalicona. Pero ¿cómo no voy a estar alegre? No veo la hora de que vuelva Francesco de Roma y sorprenderlo con la noticia. ¡Por fin, padres! Espero que sea un niño, más que nada por él, por Francesco. Supongo que estaré de unos tres meses. Creo que debió de ser aquella vez que volvió de Verona de comprar telas y me regaló el vestido morado.

Este asiento es incomodísimo y el bufón me pone de los nervios. Aunque los músicos tocan muy bien. El violinista es muy guapo. Se me ha dormido la mano, pero no me atrevo a moverme. ¿Cuánto tardará Francesco en regresar de Roma? Quizás podría mandar un mensajero con la noticia… Pero no. No quiero que interfiera en sus negocios. Así la alegría será mayor cuando esté de vuelta.

¿Se me nota mucho ya el embarazo? Con esta ropa creo que no. ¡Ay, qué horror de silla! Me duele todo».

–Por hoy está bien, señora. Ya puede descansar. Si le parece podemos continuar mañana a la misma hora –dijo de pronto el pintor.

–Sí, gracias, maestro. Estaba empezando a sufrir pinchazos en las piernas a causa de la inmovilidad.

–Pues eso no es bueno en su estado –replicó él–. Reciba mi más sincera enhorabuena para ud. y para su señor esposo.

Lisa se quedó un tanto aturdida por la perspicacia de Leonardo, se alisó el vestido a la altura del vientre y comprobó que no fuese demasiado evidente.

–Tranquila, Mona Lisa, no es su figura lo que la delata. Es su sonrisa.

@Sancheztowers 

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