
Al no andar sobrado de comunicación con el demoño, y cómo quiera que es fuerte la tentación de la eterna juventud, a falta de pactos sobrenaturales siempre queda la disciplina y constancia en el ejercicio físico y la alimentación.
Eso no quita para que Mefistófeles se permita recordar su presencia al Fausto de turno por cualquier medio. Y la cuenta de pasos del reloj chino pero fiable sirve a la perfección para recordarnos que, de una u otra forma, al final pagaremos nuestra parte del trato.













A ver, quien era el que decía que al diablo no le llega la hora. 😉
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Siempre es la hora del diablo, es eterno 😈
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Jajaja. Es cierto, lo bueno que tiene que no se anda con cuentos, no como otros. 😉
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Claro, pero mañana… Jejeje
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