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Encaminados hacia una campaña electoral, repetición de la de diciembre pasado, con los mismos cabezas de cartel que hace cuatro meses. Ésos que fueron incapaces de cumplir con el mandato de las urnas, porque no entendieron nada de lo que les dijo el pueblo en algunos casos y en otros se lo pasaron por la entrepierna directamente.
Decimos cabeza de cartel cuando lo suyo sería decir líderes. Lo cierto y verdad es que en este país hay una crisis de políticos tan alucinante que se ha llevado por delante el carisma de quienes están al frente de los respectivos partidos políticos.
Ya estamos haciendo amigos entre la clase política, si es que nos metemos solitos en la boca del lobo.
En el PP Rajoy de líder tiene nada y menos. El inmovilismo del que hace gala para todo, incluidos los problemas internos de su partido, que los tiene y bien gordos, no le convierte en líder de nada. Gobierna a los suyos con mano de hierro, cierto. El ordenar “prietas las filas” cuando vienen mal dadas no le otorga liderazgo, poder sí, pero no confundamos términos, porque no es lo mismo el jabón que el hilo verde, aunque todo sea para la ropa.
Sánchez lo que se dice líder del PSOE más bien poco. Es cierto que lo intenta, pero los suyos no paran de ponerle palos en las ruedas. Constantemente le están demostrando que le quieren. Los Barones socialistas no han entendido como funciona la nueva política, mientras no se les meta en la dura mollera los cambios que pide la sociedad por mal camino van en Ferraz.
Toca mirar a los partidos emergentes, y el desastre es tan mayúsculo como en los que representan la vieja política.
En Podemos el liderazgo de Pablo Iglesias es incuestionable, es más, a quien le hace sombra le corta la cabeza de ipso facto. El estar al frente de un grupo de gente no te convierte en líder de la misma, es una lección que todavía le falta por aprender. El líder de los podemitas no tiene el respeto sino el miedo de los suyos, y su desmedido ego hace que los que no son de su cuerda no le den el respeto que él pretende.
Albert Rivera ha aprendido los males de la vieja política, no en vano lleva una década en ella, como si fuera la tabla de multiplicar. Nada se mueve sin que pase por su visión. Eso sí, sabe dar la imagen de partido demócrata que es lo que se lleva, pero no es más que un lobo con piel de cordero.
Podríamos incluir en esta lista a Alberto Garzón. La cabeza visible de IU-UP está casi fagocitado por Podemos, con lo cual sus dotes de liderazgo ni están ni se le esperan.
La política española está necesitada de líderes como el comer. Adalides que piensen en el país y no en salvaguardar sus posaderas. Personas con visión de futuro a largo plazo y no lo que tenemos ahora. Dirigentes que sepan lo que implica ser hombres o mujeres de Estado, sacrificados y preparados para sacrificarse por y para el país.
Hasta que aparezca un verdadero líder político tendremos que conformarnos con cabezas de cartel ramplones, míseros, ególatras, prepotentes, inocentes y pagados de sí mismo que tenemos.
Galiana












Nos queda sufrir un buen rato ¿rato?
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Vamos a tener que hacernos expertos en buscar a Wally
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Pingback: ¿Dónde están los líderes políticos? – Manuel Aguilar
Es preocupante, Galiana. Veo en España un ambiente, salvando las distancias, similar al que teníamos en Venezuela el año 1998, y que desgraciadamente abrió la escotilla a la antpolítica y al proyecto fallido del chavismo. 18 años más tarde no logramos ni salir de esto ni enderezarnos, y la escasez de productos ya tiene cifras positivas de fallecidos por falta de medicamentos. Digo esto con el ánimo de que quienes te lean miren con mucho cuidado lo que harán en las próximas elecciones, porque en esa materia los errores cuestan muy caro, y nadie queda a salvo.
Recibe un abrazo y mi amistad.
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Esperemos no terminar como en Venezuela.
Un abrazo
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De corazón, también lo espero.
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