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Terminamos la semana en la que a algunos les han entrado las prisas, otros se cuestionan las formas de actuar de su líder, y el resto sigue anclado en su parsimonia habitual donde les va fetén.
En el PSOE y Ciudadanos la consigna es somos pareja de hecho, de las que van juntas a todas partes, incluso a mear. Defienden su relación ante todo aquel que ose ponerla en duda con una fuerza que resulta cargante y hasta pelín sospechosa. Preguntados sobre si en sus vidas pudieran aparecer otras personas que les llevarían a distanciarse se apoyan en la ambigüedad. Uno sigue con su idea que son una pareja estable, pero son defensores del poliamor; al otro le van los tríos y si para practicarlo tiene que cambiar de compañero de cama “no problem”.
¿Alguien se aclara? No se trata de aclararse o no, sino de que el tiempo corre y la solución para detenerlo es el poliamor.
Pedro Sánchez ha tenido que invitar a Rajoy a las negociaciones, alegando que es para debatir sobre la reforma constitucional. El líder del PP puede aceptar, dar calabazas o enseñar el reloj. Albert Rivera es consciente que tiene que compartir lecho con Pablo Iglesias, que éste acepte ya es otro cantar porque es sabido que lleva mal lo de compartir cama si no es con Compromis y con algunas reticencias.
En Podemos se suponía que después de salirse con la suya tras el no a Sánchez en la sesión de investidura todo iba a ser miel sobre hojuelas, pero las discrepancias están a la orden del día. El líder de la coalición morada es un déspota, y a su segundo de a bordo ya no le hacen tanta gracia ciertas imbecilidades de telepredicador que tiene su líder. El binomio Iglesias/Errejón tiene sus fisuras, ¿qué pareja no las tiene?
Alberto Garzón se ha dado cuenta que lo de decir: “Desde Izquierda Unida-Unidad Popular estamos a lo que diga Pablo” no le renta. Iglesias le ningunea lo que no está escrito, le considera un cero a la izquierda, y le mantiene ahí porque le entretienen las ocurrencias que tiene, pero llegado el caso lo va a engullir de un solo bocado y sin mancharse la comisura de los labios.
Rajoy, Rajoy es otra historia. No se quita el traje Don Tancredo puesto llueva o nieve. Dirige al PP esgrimiendo el BOE por los pasillos de Génova, con lo que el acongoje es generalizado porque nadie se siente a salvo. Si alguno se desmanda enseguida manda las huestes de los medios de comunicación a su servicio para que oportunamente se aireen los trapos sucios del que se pensase que con toser iba a contagiar la gripe dentro del PP. El resto de partidos le enseña la puerta de salida, pero no se da por aludido.
¿Veremos en la misma mesa sentados a Rajoy, Sánchez, Rivera, Iglesias, y Garzón? ¿Lo que los unos han dicho de los otros serán palabras que se lleve el viento?
La política hace extraños compañeros de cama. La idea del poliamor no es tan descabellada cuando el tiempo apremia. Mucho nos tememos que alguien gritará el consabido: “Organización, que siempre me toca ser yo el que se ponga mirando a Cuenca en este desmadre orgiástico que nos hemos montado”.
Galiana












Pingback: El poliamor está de moda – Manuel Aguilar
Aunque en política todo es posible…creo que ya ha llegado el momento de o una sorpresa o no hay nada que hacer.
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Recuerda siempre que la política hace extraños compañeros de cama
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