No hablamos de derivaciones ideológicas, sino del bus 148 que une el madrileño Puente de Vallecas con Callao, atravesando la Arganzuela y una parte de Latina, barrios castizos y madrileños que, aunque no cuentan con el sabor de rebeldía obrera de Vallecas, también destilan un aroma a pueblo aunque con mayores pretensiones. En plena mañana invernal, quienes viajan en el 148 son gente de edad avanzada, cuya aventura cotidiana consiste en llegar al centro de Madrid cual Far West que justifique el pasar de las horas de ese día.
@JoseRaigal













Hoy quiero saborear Vallekas
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Vallekas siempre recibe con los brazos abiertos, Javier 😉
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