Pasó el 9 y el 10 de noviembre y los cielos no se abrieron, España no se partió en dos, ni los Jinetes del Apocalipsis vinieron a hacer estragos sobre el país, no hubo un cataclismo, o tal vez sí.
Casi 5 millones y medio de personas estaban llamadas a votar, y lo hicieron más de 2 millones. Lo hicieron a pesar de lo mucho que desde Moncloa se agitaron las banderas del miedo y de las represalias, y que el Tribunal Constitucional se llenara la boca de decir que el resultado obtenido tiene aún menos validez que las papeletas que se utilizaron para votar.
Los catalanes han expresado su voluntad, su deseo y Rajoy debería escuchar a los ciudadanos. ¿Va a hacerlo? No lo creemos, es de esa clase de políticos que solo oyen lo que tenga que decirles la soberbia y la prepotencia, con lo que la situación no va relajarse entre Moncloa y Catalunya.
El no referéndum ha dejado una cosa clara, el personal exige su derecho a decidir. Los catalanes ni quieren, ni consienten que nadie lo haga por ellos. Rajoy debería tomar nota, sentarse a dialogar, intentar solucionar los problemas, bla, bla, bla… Ningunear a más de 2 millones de personas es un lujo que este Gobierno no se puede permitir, y la ciudadanía no debe dejar que lo haga, porque tendría consecuencias demasiado graves.
Rajoy y los suyos están empeñados en meter mano por la vía penal a los responsables de las votaciones del pasado domingo, ¿de verdad que podemos caer en un error tan descomunal? ¿Qué ha sido de la cordura, de la mesura, de la responsabilidad que debe tener quien maneja los mandos de un país? Una vez más la ineptitud de este Gobierno para afrontar los problemas es supina, el nunca haber sabido tratar la cuestión catalana es lo que tiene, de momento más de dos millones de personas que quieren que les dejen decidir su futuro, y eso no es moco de pavo.
Alguien debería decirle a Rajoy que con su actitud lo único que está haciendo es convertir a Mas en un mártir, y el personal olvida a un héroe en un plis plas, pero no funciona igual con los mártires. Todo ello obviando el hecho que cuando aparece un mártir en el otro lado hay irremediablemente un villano. Es lo que le faltaba al Presidente del Gobierno, pasar a la historia como un miserable.
De aquí en adelante Rajoy intentará, hábilmente asesorado por Arriola, dejar que escampe, como viene haciendo con todos y cada uno de los temas de cierta enjundia en este país. Esa es una solución aún menos recomendable, pero cualquiera sabe, porque somos España, aquí las cuestiones tan importantes como el independentismo catalán se pueden solucionar de la manera más insospechada.
Más de 2 millones de personas han decidido que quieren elegir su futuro, lo de menos es cómo ha quedado el independentismo de parado tras el 9-N. le guste o no a Rajoy, Mas le ha ganado la partida con las urnas en la calle, y de nada sirve “vender” que el no referéndum tan solo ha sido una farsa.
Galiana











