Miradas furtivas

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No recuerdo qué había frito antes de echar el huevo a la sartén, pero el color que destila evoca colesteroles polinsaturados, y el generoso festival de triglicéridos que atrapa en nuestras mentes, hacen que no importe lo más mínimo qué sucumbió en el fuego gastronómico antes del turno del huevo.

Y es que un huevo frito bien hecho une un sabor delicioso y sabrosón a la sencillez de lo clásico y la eficacia nutritiva que le convierten en la proteína modelo.

Y me saben pecaminosos incluso comiéndolos sin sal. Soy un adicto a los huevos ;-))

el-huevo-y-sus-derivadas

@JoseRaigal

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