El prefijo ultra no es normal

avatar plumilla cubo

 

 

 

Podemos medianamente llevar que la crisis nos esté devorando vivos, que el Gobierno está porque de todo tiene en este mundo que haber, que la Clase Media esté siendo borrada literalmente del mapa, que la Oposición esté más perdida que Wally, que nuestros Derechos se pisoteen día sí, día también, pero hay algunos asuntillos que ni podemos ni debemos dejar pasar.

No sabemos al personal cómo se le queda el cuerpo cuando escucha hablar a Blas Piñar, nieto del que todos piensan, arengando a la ultraderecha para tratar de hacerse un hueco en este panorama tan desolador que tenemos. Lo que es a nosotros los pelos se nos ponen como escarpias. Eso de que el estilo vintage esté de moda nos parece fabuloso, pero la vuelta de los herederos de quienes tuvieron poder en la Dictadura no toca.

Para los que piensan que siempre estamos mirando con las gafas de doble aumento para un lado y siendo casi ciegos para el otro les vamos a dar un ¡¡zas!! en toda la boca. No estamos, y lo decimos bien claro, por la labor de tolerar imbecilidades de la extrema izquierda como la sucedida en la Basílica del Pilar.

Democracia no es sinónimo de “todo vale”, ni un cajón de sastre donde el personal puede ir por ahí a su puñetera bola y cada vez que vengan mal dadas hacer de la intolerancia su bandera y del fascismo su religión.

Lo peor no es quienes tratan de elevar a la categoría de deporte nacional el fanatismo ultra, sino quienes de un tiempo a esta parte tratan de normalizar dicho prefijo. No, no debemos aceptar como normal que la extrema izquierda o la extrema derecha entren en el juego de la política, sencillamente porque no es normal.

El tener Escuelas Públicas con actos como el de Quijorna, con alcaldesas haciendo como que no pasa nada y los de su partido mirando para otro lado no es de recibo en un sociedad que se dice demócrata. Tampoco lo es el poner cara de resignación cuando estallan artefactos caseros de medio pelo en el interior de iglesias. Ni que políticos de cierto renombre aprovechen su cargo para igualar en legalidad banderas preconstitucionales y republicanas.

Despertar los fantasmas que la Transición prendió con alfileres no va a sacarnos de la crisis económica e institucional en la que estamos metidos, no va a hacer que las empresas tengan liquidez, ni que la Tasa de Desempleo baje, ni que la Sanidad vuelva a ser universal, ni que la Educación Pública sea pública, tan solo va a añadir unos cuantos problemas más a esta larga lista.

Abrir lo que se cerró en falso solo contentará a quienes acataron la Constitución por imperativo legal, a quienes llevan años usando de cara a la galería el traje de demócratas esperando la oportunidad para quitarse la careta. Los demócratas, los que aceptamos la Constitución, con sus luces y sus sombras, no podemos ser tan imbéciles de dejarnos llevar por una panda de desaprensivos oportunistas que tratan de hacernos creer que el prefijo ultra tiene algo de normal.

¿Acaso no hemos aprendido nada de la historia?

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, al menos eso dicen, pero mirando nuestra historia como país no sería la primera vez que dejamos que los ultras se salgan con la suya y nos meten de cabeza en un lío del que luego siempre hemos salido calando la bayoneta.

Galiana

 

Avatar de Desconocido

About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
Esta entrada fue publicada en La columna de los lunes, Periodismo y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 Responses to El prefijo ultra no es normal

  1. Querida compañera, el hombre siempre tropieza, es un animal total.
    No aprendemos de nuestra historia, sólo ven su ombligo nada más. ¿humanos?
    Depredadores de su misma especia. Tremendo.

    Me gusta

  2. Pingback: La deriva ultra del Partido Popular | Una vez dicho esto…

Deja un comentario