Nuestra clase política busca su “clase”

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Sacar pecho del hecho de tener una clase política que ni tiene clase ni entiende de política, no es algo que nos gustaría, pero lamentablemente es lo que adolecemos y justo en el peor momento.

Podríamos entender, que ya es, que los partidos en la Oposición, sobre todo el PSOE, estén más perdidos que Wally porque la mayoría aplastante del PP es quien debería poner las directrices a seguir, pero como en este país hacemos todo más con el culo que con la cabeza, en lugar de una hoja de ruta marcada por el partido que gobierna tenemos un trozo de papel higiénico usado.

Es tal el desbarajuste reinante en esta mediocre clase política que los votantes, ésos que somos hábil y vilmente manipulados por los diferentes Partidos Políticos cada cuatro años, tenemos un cacao mental, mezcla del arrepentimiento por el voto emitido y la desconfianza hacia quienes se supone defienden nuestros intereses, que la credibilidad ha dejado de ser un adjetivo relacionado con la política.

Intentar explicar las causas del divorcio existente entre la ciudadanía y la clase política nos llevaría a una disertación con un argumentario excesivamente largo, y como eso de la demagogia nunca ha sido lo nuestro mejor nos fijamos en las estadísticas de las intenciones de voto, ésas que hacen las empresas pagadas por los diferentes Partidos Políticos o por los Medios de Comunicación controlados por éstos, que cuentan más de lo que a primera vista parece.

Nadie puede entender que el Gobierno esté aniquilando la clase media con los sablazos que nos da después de cada Consejo de Ministros a instancias de Berlín y que en las encuestas siga sacando tantos puntos de ventaja al PSOE. A la política tan desastrosa que está llevando el Gobierno, canalizada a base de Decretos-Ley, deberíamos añadir las discrepancias internas que hay en Génova, 13 con asuntos tan variopintos como importantes del tipo Papeles de Bárcenas, Ley del Aborto, Educación o Sanidad por citar algunos.

Sin poder resolver el enigma de tener un Gobierno con una incompetencia manifiesta supina para hacer su trabajo y asumiendo el mantra de que el pueblo es soberano, podríamos llegar a la conclusión que su distanciamiento del PSOE se debe a la figura de Rubalcaba, quien ha demostrado, por activa y por pasiva, que eso de liderar al principal partido de la oposición no es lo suyo. Gracias a su falta de todo, los socialistas están abogando porque se rompa el bipartidismo, de una vez por todas, asunto que desde IU y UPyD aprovechan que es un gusto.

Los de Cayo Lara podrían sacar más rédito de la situación pero adolecen del mismo mal que en el PSOE, su líder de carisma está algo justito y eso es un lastre que influye y mucho.

La formación que lidera Rosa Díez parece que avanza a pasos agigantados, no olvidemos que es un partido muy joven, pero le sobran tantos bandazos hacía la izquierda o la derecha, y sobre todo personal que cree que ser político es una representación teatral y que por ella le van a dar un premio Max como los otorgados la pasada noche.

Los partidos nacionalistas se saben bisagra de los grandes y lo de venderse por un plato de lentejas lo practican que es un gusto en el momento menos indicado, con lo cual se benefician ellos solitos pero a los demás que nos parta un rayo.

Esta es la clase política que tenemos, ¿alguien le ve la clase por algún parte?

Galiana

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Escritora
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