Pasados los fastos del Sant Jordi volvemos a la dura realidad de los tiempos actuales donde la Economía es el fuego de dragón abrasador y quienes deberían hacer algo por evitarlo no son más que porqueros asustadizos haciéndose pasar por caballeros.
Nuestra Economía ha pasado de la desaceleración de Zapatero a estar permanente contraída con Rajoy, eufemismos para decir que vamos de culo, cuesta abajo y sin frenos.
Cierto que Zapatero le dejó a Rajoy una situación económica más que comprometida, pero no es menos cierto que el actual Presidente del Gobierno la ha convertido en desesperada con la inestimable colaboración de su Ministro de Economía.
De Guindos de vergüenza está justito, si es que alguna vez ha llegado a conocerla, pero con un pasado en Lehman Brothers tampoco se le podía pedir mucho más. Como no queremos calzar el gorro que tanto utiliza el Gobierno de “la herencia recibida” vamos a obviar, que ya es, el pasado del titular de Economía en la entidad crediticia para centrarnos en su pésima gestión al frente del Ministerio que ostenta.
Eso de vender que el PIB tendría una caída del 0,5% para sembrar la esperanza a base de tratar como estúpidos a los desesperados es cuanto menos vomitivo. El proclamar en un medio de comunicación de la categoría internacional como el The Wall Street Journal, que la economía española se contraerá entre un 1% y un 1,5% este año es, como poco, de una sinvergonzonería sin igual y no medir las consecuencias que sus palabras pueden llegar a tener en diversos ámbitos.
Alguien debería decirle al Ministro de Economía que hacer este tipo anuncios podría calificarse como “un acto de hostilidad manifiesta” contra quienes sufrimos, en primera línea del frente, la crueldad de esta crisis.
Hasta el más ignorante de los ciudadanos sabe que la posibilidad de crecer con un descenso del PIB tan acusado es nula sin discusión alguna. No hay que tener muchas luces para comprender que sin crecimiento económico el tema de disminuir la famosa lista de los 6 millones de parados es una quimera, su incremento con esa cifra de PIB está más que garantizado. Lo de conseguir un trabajo va a convertirse en una lucha encarnizada dada la escasez del mismo salvo que el personal optemos por salir del país -no perder de vista que hemos sufrido un más que notable descenso de población según el Padrón y esto no sucedía desde hace 17 años- haciendo como dice la Ministra Báñez una “de movilidad externa”.
De Guindos debería pensar, si es que sabe, que proclamar a los cuatro vientos que nuestra Economía caerá el triple de lo previsto es tanto como quitarle la esperanza de un solo golpe a los desesperados que luchan con uñas y dientes por mantener un techo sobre sus cabezas, a la vez que deja al Gobierno a los pies de los caballos en lo referente a garantizar el derecho a una vivienda digna recogido en la Constitución.
Los motivos que tiene De Guindos para reconocer que nuestra Economía ni está ni se la espera, no son otros que ir avisando de los recortes que el Consejo de Ministros tiene preparados en materia laboral y de pensiones para el próximo viernes. Recortes que se trajo Rajoy tras su último encuentro con la dictatorial Merkel, quien ya no oculta su ambición de poder y ha reclamado a los Estados miembros de la UE que cedan más soberanía nacional a Berlín, perdón, a Bruselas.
Galiana











