Cierren al salir

Albert Rivera y Pablo Iglesias se llenaron la boca diciendo que venían a regenerar la política española.

Ciudadanos y Podemos fueron y son la herramienta que crearon para revolucionar todo el sistema político. Ambos proyectos siempre giraron en torno a sus líderes, hoy ninguno de los dos está. La historia reciente nos demuestra, UCD y UPyD son ejemplos de ello, qué sucede con los partidos personalistas.

El proyecto de Rivera, una vez su líder presentó la dimisión tras el resultado de las elecciones generales pasadas, agoniza en manos de una desnortada Inés Arrimadas una década después de su fundación. La lideresa de los naranjas tras el descalabro de Barcelona se aferró al sillón, no leyó la debacle catalana y el desastre de Madrid mucho menos. El premio a Edmundo Bal por no haber conseguido entrar en la Asamblea no lo entiende ni ella. Una convocatoria electoral el próximo invierno, huele a ello, acabará con el proyecto Ciudadanos.

Podemos, transformado en Unidas Podemos después del “pacto de los botellines”, se ha quedado sin el macho alfa por excelencia de la política española, con el permiso de Abascal. Iglesias parapetándose tras las amenazas personales y familiares, no hubiera soportado los años del plomo en Euskadi, se va a su casa con el riñón cubierto demostrándole a los suyos que lo que realmente quería era pertenecer a la casta, no hacerla desaparecer.

Ciudadanos y Unidas Podemos despreciaron a los de a pie, pensaron que con cuatro gilipolleces les tenían en el bolsillo, dilapidaron la confianza que en un primer momento la sociedad les entregó. Creyeron que la prepotencia y la soberbia les valía para codearse con el resto de partidos.

A los de a pie, en pleno siglo XXI, ya no se les engaña con tanta facilidad.

Los votantes respectivos de cada una de estas formaciones no son una secta, ellos pensaron que sí. Les ofrecieron un discurso vacío de contenido, con voz de páter familias les volvieron a hablar de democracia tratándoles como imbéciles, para ellos todo era o conmigo o contra mí.

Los resultados están ahí. “Roma no paga traidores y muchos de los suyos se sintieron así.

La reacción de ambas formaciones ha sido regañar a los que pensaban eran los suyos, acusarles de ser idiotas por votar otras opciones.

Ni Ciudadanos ni Unidas Podemos han entendido que la gente vota en libertad, no les gustan las amenazas, no quieren estar a expensas de un nuevo rico y mucho menos si este va a decirles cómo hay que vivir, el personal no se fía de los posicionamientos erráticos, tampoco quiere enfrentamientos; la ciudadanía quiere paz, orden, tranquilidad, soluciones reales a sus problemas…

Ciudadanos y Unidas Podemos, lo que fueron y lo que pudieron haber sido.

Un placer haberles conocido, gracias por su tiempo y su dedicación. Salgan sin demasiado ruido, el resto tenemos bastante con la que está cayendo. Una última cosa, cierren al salir.

Galiana

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