«…Y Cía…»

Este espacio tiene a gala recibir para celebrar esta fiesta a una de nuestras escritoras preferidas, Natalia Docampo con un nuevo relato

 

Casi ciegas y sordas

 

Día treinta de estancia en un hospital cutre Tan cutre que a los pacientes no les daban agua ni para tomar las medicina.

Dos ancianas comparten habitación desde hace treinta días. Las dos son casi ciegas y casi sordas. Pero algo tienen en común. Su fortaleza de espíritu y su larga vida pasando acontecimientos, de todos los colores.

Sabes Ramona, mi nieta me ha dicho que hoy, es el día del Pilar – Le dice Julia en un tono de voz casi inaudible-

Yo, que las acompaño, le trasmito el mensaje a Ramona, a la vez que acerco su silla de ruedas para que le pueda contestar

– ¡Que bien! Mira es esa Virgen- A la vez, le alcanza una medalla que cuelga de su cuello

-¿Y eso?- Le contesta Julia sorprendida, alzando todo lo que puede, su hilo de voz.

Ramona piensa durante unos segundos su respuesta y con expresión cariacontecida, le contesta:

-Pues mira, no me acuerdo, pero tal como se ha puesto la vida creo que debe tener mucho trabajo. Quizás debería pedir ayuda a su Padre y a toda la saga celestial

Yo contengo una sonrisa, por que su respuesta, aunque criptica, me parece llena de dulzura.

-Ramona- Insiste Julia- Yo no soy católica ¡Mis disgustos me ha costado, pero aquí estoy!

Ramona hace un aspaviento y contesta llena de duende:

-¿Quien te ha dicho que yo soy católica? Yo soy atea de toda la vida y a mi no me ha costado ningún disgusto ¡Si no me han preguntado nunca!

Julia tuerce el gesto. Lo hace a menudo cuando tiene la sensación de que ha perdido el hilo Entonces le pregunta:

-¿Pues como llevas puesta una medalla?

A lo que Ramona le contesta:

-Te dije que no me acuerdo ¡Pero da igual! Sigo pensando que no puede con todo lo que pasa

-Tienes razón- Murmura Julia

Las veo a las dos y me pregunto si casi ciegas y sordas, son conscientes de la realidad, ha llegado el momento de tomar cartas en el asunto. Me despido de ellas con abrazo afectuoso recojo mis trastos y salgo a la calle dispuesta a hacer, que también sus voces, sean escuchadas.

 

Natalia Docampo