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¿Alguien puede explicarme por qué si en mi trabajo le grito a un compañero, incluido el jefe; o utilizo mi propia tablet para avanzar en el juego de moda, la carta de despido la tengo sobre la mesa ipso facto?
En cambio un senador o diputado grita a sus compañeros, al jefe o a quien le dé la real gana; se pone a jugar al juego de moda en la tablet, que le pagamos entre todos a escote, y lo más que recibe es durante unos días unos absurdos memes.
La igualdad ni está ni se la espera.
Galiana