El mundo es hipócrita no, lo siguiente. En este momento ¿quién no está hasta el moño de la dichosa campaña del cubo de agua helada, y temeroso por la enfermedad estrella del verano, el ébola?
Respecto del cubito de marras a todas horas tenemos a algún famoso echándose agua helada por encima de la cabeza y nominando a otros tres que hagan lo mismo, para colaborar con una de las enfermedades más atroces que se pueden padecer, la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Con esta campaña el fariseísmo del personal es más que evidente, el asunto no va de echarse agua fría por encima y ya, sino de hacer donaciones, y éstas ni están ni se las espera en la mayoría de los casos, con lo cual volvemos a que al postureo se apunta todo Dios pero a la hora de aflojar la cartera nos da como repelús. Para poder encontrar una cura contra el ELA se necesita money y no agua, con lo que todos aquellos que mucha agua y nada de parné están haciendo el canelo y poco más, pero aún así gracias por hacer visible la enfermedad.
Visto que somos unos pamplineros a los que nos pone el postureo pasemos al otro tema estrella del verano, donde con nuestra actitud nos estamos cubriendo de gloria, de gloria no, de mierda directamente.
Se nos ponen los pelos como escarpias cuando escuchamos a Jean Marie Le Pen decir animaladas del tipo: “El Ébola puede solucionar el problema de la inmigración en tres meses” pero todos tememos que la dichosa enfermedad pase de África. Mientras esté por aquel continente matando “negritos” como que nos importa un carajo, pero de Nigeria vienen no solo nigerianos sino “blanquitos” que se han ido de voluntarios y que se traen de allí algo más que un souvenir.
El Gobierno se trajo de allí al sacerdote Miguel Pajares, infectado con el virus, para probar con él un suero experimental. Lo de volver a hacer del Carlos III un hospital de enfermedades infecciosas por unos días lo dejamos para otro momento porque se nos va de espacio, tiempo y sobre todo de calificativos malsonantes. El religioso falleció porque la enfermedad estaba ya demasiado avanzada como para hacer nada. Los que sí se salvaron fueron los americanos sacados de África, Kent Brantly y Nancy Writebol, a quienes se les administró un suero que obró el milagro.
La cuestión es que si ese medicamento tan milagroso ha sido capaz de salvar a dos personas, “blanquitas ellas”, no sería posible llevarlo hasta el continente africano para tratar de hacer lo mismo con los cientos de personas que están muriendo por el maldito virus. ¡Ah, que allí llaman hospitales a una tienda campaña con tres estetoscopios y en esas condiciones es imposible salvar a nadie!
Hipocresía a tutiplén es lo que nos sobra tanto con la campaña del ELA como con el ébola, pero eso sí, la medalla por arrojarnos agua fría o echarnos las manos a la cabeza porque muere gente por un virus que no nos la quite nadie.
Galiana