A propósito de Catalunya

No hay ni un solo español que no esté pendiente de la campaña electoral catalana. Es lo que toca, ahí estamos todos a una observando como meros espectadores que somos la movida, la inmensa movida que desde hace meses lo copa todo. La razón que tenemos para estar tan pendientes de los catalanes es simple, sencillamente toca.

El quid de la cuestión está en saber si realmente, si de verdad toca estar tan pendientes de Catalunya. Será que toca porque si no hablaríamos de las telarañas en la hucha de las pensiones, ya que el gobierno pagó otros asuntillos de más enjundia que las pensiones de nuestros mayores.

Tal vez, y sólo tal vez, no se nos caiga de la boca nada relacionado con Catalunya porque así evitamos tener que hablar de la precariedad laboral. Es verdad que el paro, sobre todo el estacional, está bajando. ¡Que no nos engañen! Los contratos temporales, incluyendo como tales los que se aplican a los trabajadores que trabajan una hora al día, junto con los salarios irrisorios se han quedado a vivir en el mundo laboral y a saber cuándo podemos desahuciarles.

Toca hablar de follón de los catalanes porque la Sanidad Pública está hecha unos zorros. Las urgencias de los hospitales públicos en época de gripes invernales están saturadas por falta de personal. Pensar en contrataciones ni está ni se les espera. Por si esto no fuera para nota, que lo es, las personas que trabajan en los centros hospitalarios lo hacen en edificios que se vienen abajo literalmente, se les cae el techo encima a ellos y a los pacientes.

Sigamos, sigamos hablando de Catalunya e ignorando otras cuestiones que parece son baladíes.

Mientras estamos obsesionados con los catalanes no tenemos tiempo o quizá es que preferimos ignorar la pobreza energética. La muy hija de su madre se ha adueñado del país con total impunidad. Los pobres energéticos abundan por doquier, tanto los que no pueden abonar el recibo como los que escatiman en calefacción están ahí, por todas partes, son como una plaga. Mientras, las compañías energéticas haciendo su agosto en pleno invierno con la aquiescencia del gobierno.

En este orden de cosas y como lo que toca es hablar de Catalunya, de los catalanes, del procés, de los considerados por los independentistas presos políticos, hablemos de Catalunya. Hablemos de cómo en esta campaña electoral podemos ver mujeres y hombres disputándose el puesto para gobernar la Generalitat. ¿Será que las políticas catalanas pueden hacer añicos los techos de cristal con mayor facilidad que en el resto del territorio?

La campaña catalana está trufada de mentiras como todas, de intereses personalistas, de manipulaciones descaradas, de intolerancia hacia los que piensan diferente. Pero… ¿qué sería de las campañas políticas si les faltara todo esto y alguna que otra cosilla más?

Si hablar de los follones descomunales de los catalanes nos genera más ansiedad, recelo y desconfianza que hablar de pensiones, de trabajo, de igualdad, de Sanidad…  ¿puede alguien explicar por qué coño todo gira en torno a Catalunya desde hace meses?

Galiana