Algunos me preguntáis cómo se aprende a escribir, la respuesta es sencilla, escribiendo. No hay otra manera.
La cosa no va de sentarse delante del ordenador, o mirar un folio en blanco, mientras le das vueltas y vueltas a una idea en la cabeza y esperar que ésta se escriba sola, eso no va a suceder nunca.
Una vez asumido que eres quien va a llenar ese espacio blanco lo siguiente a pensar es que se puede hacer bien, mal, incluso fatal, y hasta cabe la posibilidad que el escrito termine en la papelera. Es lo que hay.
Para superar todo esto la táctica está en pensar en cuando se aprende a montar en bicicleta. Nadie se sube a la bici por primera vez y sale pedaleando, ni mucho menos gana el Tour de Francia.
La escritura es lo mismo.
Una vez que se llena el espacio en blanco, que se considera listo para ser leído por otras personas, toca mostrarlo.
Hay que estar preparado para que guste, pase desapercibido o lo destrocen sin piedad.
Pase lo que pase con lo escrito hay que seguir adelante. Aprendiendo desde la humildad lo que los lectores digan, escucharles, probablemente tengan razón.
¿Recordar las veces que uno se cayó de la bici y nada le detuvo para volverse a subir? No todos son campeones del Tour de Francia, y algunos sólo suben al pódium una única vez.
Me he caído de la bici no sé las veces y sigo pedaleando. Agradeciendo, infinitamente, los aplausos y los ánimos que me regalan los lectores que están al pie del camino. Así es cómo se aprende a escribir.
Galiana


