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Esta especie de espiral absurda en la que han entrado los políticos de no querer asumir responsabilidades, de hacerlo a medias o de dejar que otros lo hagan por ellos, no nos va a llevar a ninguna parte.
Este juego de proponer hojas de rutas imposibles, líneas rojas que no son más que puro postureo, lo único que está haciendo es colapsar al país. Y no debemos olvidar que éste ya está bastante colapsado por la crisis de la que estamos saliendo, pero no.
Nada de lo que está sucediendo es normal. Nos lo intentan vender como nuevos e inéditos tiempos en política. Las frases hechas quedan muy bien en los titulares de los medios de comunicación, lo malo es que tras ellas no hay más que la nada.
El Jefe del Estado de nuevo se está viendo con las diferentes formaciones políticas. Mucha foto, mucha sonrisa, mucha declaración de cara a la galería, pero estamos de la manera que estamos. Es decir, con un Gobierno en funciones que paraliza el normal funcionamiento del país como una naturalidad anómala en la que parece no reparar ni Dios.
Mientras el PP espera que los Barones el día 30 en el Comité Federal manden a hacer puñetas a Pedro Sánchez y quitarse un enemigo de encima por “autosuicidio”, los días pasan y todo sigue en un suspenso que no beneficia a nadie. Esta política de supervivencia que ha implantado Rajo será buena para él, para el PP, pero de mirar por los de a pie va a ser que no.
De todo este follón que tenemos encima que, sin ánimo de tocar las narices a nadie, era lo que nos faltaba, saldrá un Gobierno en minoría y muy débil que deberá sacar adelante al país.
En medio de todo esto la ciudadanía empieza a estar hasta el moño de tanto dislate, de tanto ver como lo que de verdad les importa a mucho de los que se dicen Servidores Públicos es ver en que sillón van a asentar sus posaderas.
El espectáculo lejos de buscar soluciones consiste en que los viejos políticos no quieren que nadie les saque de su espacio de confort, y les da lo mismo el precio que a la ciudadanía nos pueda costar. Los recién llegados tienen hambre de poder, así sin más, y no lo disimulan absolutamente nada.
¿Qué hacer con este panorama? De momento lo único es ver como los unos y los otros mueven las fichas del tablero para evitar que empiecen a correr los plazos de la dichosa sesión de investidura. A ninguno de ellos se le escapa que quien dinamite este bucle diabólico en el que nos encontramos es el que más tiene que perder. El partido que se ponga de perfil, el que no quiera negociar cara a la galería, aquel que sea señalado con el dedo por llevarnos a unas nuevas elecciones está muerto y bien muerto.
En estas estamos mientras volvemos a ver las mismas caras sonrientes estrechando la mano del Jefe del Estado en obligado cumplimiento con lo que dice la Constitución para la formación de Gobierno. ¡¡¡Estamos listos!!!
Galiana