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A cinco semanas de las elecciones las estrategias de campaña están más o menos claras. Más o menos, porque no se puede ignorar el factor improvisación que sirve para adecuar lo que sea, y como sea, ante cualquier circunstancia que se presente.
Pedro Sánchez es consciente que el 20D es la puerta que debe traspasar con éxito para tener futuro como Secretario General de los socialistas.
En el PSOE, como de costumbre y para no variar, están divididos entre los que ven el vaso medio lleno o medio vacío, respecto de llegar vivos a Moncloa.
Hasta la irrupción acelerada de Ciutadans en el panorama político en Ferraz la preocupación era ganar al PP, o al menos perder por la mínima. Desde que Albert Rivera está subido en la cresta de la ola, a los socialistas les tiemblan las piernas cada vez que alguien les mienta los logros del catalán.
De aquí al 20D Pedro Sánchez tiene que evitar los apuñalamientos por la espalda en los pasillos de Ferraz a la par que convencer a un electorado que no tiene visos de dejarse convencer.
En Ferraz están nerviosos, sí, ¿para qué negarlo? Llevan desde la derrota de Zapatero, recibiendo palo tras palo en las urnas, y eso lastra lo suyo. Contener la sangría de votantes es un reto que tiene por delante Pedro Sánchez, un reto complicado, y sujeto a múltiples variables.
Las encuestas de intención de voto no son nada halagüeñas. En Ferraz saben que el “sorpasso” de Ciutadans es una posibilidad real, que igualar los 110 escaños que consiguiera Rubalcaba hace cuatro años está harto complicado.
Los socialistas no paran de echar cuentas, y éstas no salen por mucho que se empeñen. Confiarlo todo al encanto personal de Sánchez hasta ahora funcionaba muy bien, hasta que llegó Rivera usando el mismo truco con resultados mucho más espectaculares.
En este orden de cosas toca hacer propuestas. Éstas pasan por derogar la Reforma laboral de Báñez, que dicho sea de paso solo ha servido para generar precariedad laboral, y sustituirla por “una norma dialogada con los agentes sociales”.
Respecto de derogar la famosa “Ley Wert”, que tanto daño está haciendo en Educación, Pedro Sánchez y los suyos proponen una nueva Ley educativa, donde la religión ni esté ni se la espere en las aulas.
Los socialistas quieren demostrar que pueden acabar con la corrupción, empezando por las dichosas “puertas giratorias” que tanto nos molestan a los españolitos de a pie. Para ello proponen que ningún cargo público pueda entrar en un Consejo de Administración, ni nada parecido, en los siguientes cinco años que haya dejado su puesto.
No nos olvidemos que en Ferraz abogan por una reforma Constitucional, algo que no va a ser sencillo dado los tiempos que corren.
El 20D está a la vuelta de la esquina. Mucho trabajo tiene por delante Pedro Sánchez. Si los suyos hacen a un lado durante estas semanas su complejo de “Bruto” podrá concentrarse en convencer a su electorado, si no, que los dioses se apiaden de todos nosotros.
Galiana