Pasadas las elecciones catalanas toca mirar más allá de los Pirineos, y no para quedarnos en Francia, ni para vomitar intelectualmente con el “no reparto” que ha hecho de los refugiados sirios la UE, nos vamos a la todopoderosa Alemania y la crisis de Volkswagen.
Sentir vergüenza con lo que ha pasado con esta marca de automóviles se queda corto, porque hay que estar hecho de una pasta muy especial para liarla tan parda con el tema de la emisión de gases contaminantes y hacer como que no ha pasado nada.
Qué se ande Rajoy con ojo, que como no levante la mano y aclare si estaban o no trucados los motores colocados en la fábrica de Martorell lo mismo Merkel le echa la culpa de todo este desaguisado. Por si acaso alguno tiene memoria de pez no viene mal recordar que ya la Canciller nos culpó de la famosa crisis de los pepinos españoles que resultó que ni eran de este país ni eran pepinos, eran coles de Bruselas criadas entre mierda de vaca, que por lo visto este tipo de agricultura es de lo más natural y no produce ningún mal rollo en los humanos, qué se lo pregunten al medio centenar que murieron por la bacteria E.coli que contenían las dichosas verduras.
Volviendo a los Volkswagen de las narices. Los americanos, que una vez más han tenido que meter las narices donde nadie les ha llamado (piensan los dirigentes de la marca automovilística), han demostrado al mundo entero que los alemanes son unos tramposos, que van de D. Limpio por la vida, pero que a la hora de defraudar se apuntan al carro al más puro estilo choriceril español.
Dejando a un lado los chascarrillos, las hilaridades y los chistes que circulan a costa de los Volkswagen, el asunto tiene bastante más enjundia.
En la economía alemana este feo asunto pude provocar un cataclismo. No es fácil salir a la palestra, decir: mire que nuestra marca de automóviles emblema de la industria alemana no son más que unos fulleros de mierda, pero todo el mundo tranquilo que, total, contaminar el medioambiente tampoco es algo que vaya a preocupar a casi nadie, además los coches no van a explotar, ni a sus conductores les van a crecer orejas de pollino.
El varapalo que se ha llevado la automoción alemana es tremendo, tanto que ya están pensando en cómo hacer caer a sus competidores. Veremos si la Renault francesa pasa los dichosos test, y en la lista en demostrarnos a todos que nos venden milongas que no contaminan en lugar de potenciar la energía eléctrica, podrían ir Ford o Chrysler, que por lo visto los americanos tampoco son tan trigo limpio.
Parece ser que la industria automovilística europea puede salir muy mal parada con todo esto y, mientras tanto, Rajoy ha dicho que no pasa nada, que aquí no va a haber lío con los Volkswagen, que se van a vender como si no contaminaran porque no estamos en condiciones de enfrentarnos a Merkel por esta causa.
Para contaminar el ambiente ya nos bastamos los españolitos solitos sin necesidad de ningún vehículo alemán. Tal y como están los ánimos en Catalunya o Rajoy convoca lo antes posible las elecciones generales para distraer al personal, o el asunto de la independencia se le va de las manos como la contaminación de los Volkswagen a los alemanes.
Galiana