Vivimos en un país donde la corrupción política crece como las setas; donde casi todos los días algún que otro político a nivel local, autonómico e incluso nacional anda inmerso en situaciones comprometidas en las que no debería estar; donde el abuso de poder sin límites se está convirtiendo en una práctica habitual y cotidiana; donde los tribunales son más visitados por políticos que por delincuentes al uso.
Pensar que quien más quien menos quiere dedicarse a la política para su enriquecimiento personal es algo que ya ni cuestionamos porque ya no creemos en los líderes de los diferentes partidos, ni siquiera en los Presidentes de las respectivas CCAA.
En medio de todo este maremagnun aparece para solucionarlo todo el Ministro Montoro, quien lejos de enfrentar el problema lo enreda aún más. El Ministro de Hacienda intenta vendernos una llamada “ley de transparencia” mediante la cual quien mal gestione cualquier Administración Pública pueda ser acusado y juzgado en los tribunales por ello.
Así dicho suena perfecto, usted nos lleva al bancarrota y responde por ello porque ya está bien que paguemos todos a escote las desmesuras de algunas Administraciones, incluso Antonio Basagoiti propone que se responda por la mala gestión con el patrimonio personal, pero…
Con este Gobierno siempre hay un pero.
Los motivos que de verdad llevan al Ministro Montoro a reclamar una “ley de transparencia” no son los expuestos anteriormente. La verdadera naturaleza de fomentar esta ley no es otra que el proteger al Gobierno de su incapacidad de gestionar la situación económica en la que nos encontramos. Con esta ley será más fácil culpar a Barreda, que algo de culpa tendrá no vamos a negarla, del déficit de CLM justificando con ello la política de recortes de Cospedal; también podra cargarse de una vez y para siempre la cúpula mafiosa que lleva décadas gobernando la Comunitat Valenciana, aunque sean de su mismo partido.
Es evidente que el Ministro Montoro pretende burlarse una vez más de la ciudadanía abanderando una idea populista, más cercana a la aberración que a la genialidad, que bien aplaudida y jaleada por “los palmeros mediáticos” es presentada como la condena a los malos gestores, a los políticos corruptos y a los enriquecimientos personales.
La política española, nos guste o no, está siendo denostada a diario y parece no importarle a nadie, ni tan siquiera al Gobierno.
Galiana