
Habiendo la Locura
Con el Amor reñido,
Dejó ciego de un golpe
Al miserable niño.
Venganza pide al cielo
Venus, mas ¡con qué gritos!
Era madre y esposa:
Con esto queda dicho.
Queréllase a los dioses,
Presentando a su hijo:
«¿De qué sirven las flechas,
De qué el arco a Cupido,
Faltándole la vista
Para asestar sus tiros?
Quítensele las alas
Y aquel ardiente cirio,
Si a su luz ser no pueden
Sus vuelos dirigidos.»
Atendiendo a que el ciego
Siguiese su ejercicio,
Y a que la delincuente
Tuviese su castigo,
Júpiter, presidente
De la asamblea, dijo:
“Ordeno a la Locura,
Desde este instante mismo,
Que eternamente sea
De Amor el lazarillo.”
Félix María Samaniego, 1745 – 1801.
Escritor español famoso por sus fábulas aleccionadoras.
Autor de obras como La cigarra y la hormiga.
Reflexión: De qué forma tan hermosa Samaniego nos relata el mito clásico del amor ciego y la locura. Y mucha razón tiene pues, cuando los humanos estamos poseídos por el torbellino del enamoramiento, ciegos y locos nos volvemos: ni vemos defectos en el ser amado ni vemos la realidad, sólo lo bello e ideal.
Así también, una vez que hemos recibido la flecha de Cupido, el cuerdo se vuelve loco, el temerario prudente, el listo se vuelve idiota, el fuerte débil.
Si Cupido no hubiera reñido con Locura, seguro que no estaríamos a merced de estas emociones y sensaciones locas… que nos hacen sentir tan maravillosamente vivos.