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El mar se ha despertado hoy
libre y salvaje,
como las ideas
que carecen de memoria,
y navegan por el horizonte
livianas y adormecidas.
El mar me canta al oído
historias ancestrales,
historias que comienzan con la letra α
y concluyen con símbolo ῳ.
Ambos forman un dúo armónico,
haciendo oídos sordos
ante la mezquindad
que a veces cubre la ciudad,
de acordes rotos.
Más sienten a menudo
la paz que irradian las almas gemelas,
cuando retornan sin miedo
a las bifurcaciones
de los senderos sin dueño.
Senderos
vestidos de jeroglíficos,
senderos
que van y vienen
como alondra que nace
en las planicies baldías,
y desaparece
entre los colores violáceos
de los crepúsculos vespertinos.