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Tu memoria,
recuerdo invisible,
frágil transición
entre la vida y la muerte.
Pinceladas de luz
en un lejano paréntesis.
Tu rostro
joven aún,
abatido por el destino cruel
marca mi herida abierta,
herida que grita
de eco en eco,
de puerta a puerta,
de pentagrama a pentagrama.
Desde esta parcela de mi existencia
reclamo lo que no existe,
mas en el umbral de mis días
alzo una escultura,
sobre el horizonte siempre azul
recibiendo el abrazo
de tu sonrisa perpetua,
desaparezco,
tras los contornos del cielo.