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La noche irrumpe
sobre la ciudad inocente,
ruido de metralla
pasos de soldados,
componen la letanía
de un mes de noviembre.
Las estrellas lloran
sobre las calles huecas,
hileras de cadáveres,
cristales rotos,
visten Berlín.
Ojos clavados
en la Historia no escrita,
el odio y la locura
prenden fuego
sobre los seres irracionales,
que poseen la impunidad como bandera.
Los trenes
los trenes de la muerte,
resonando de eco en eco,
vidas
abocadas a la no existencia,
niños
amortajados en vida,
almas
respirando el hedor de las cenizas.
Que vuestro recuerdo,
perviva para siempre
entre la tierra y el cielo.
Que se levante una escultura
cuya vibración se mantenga intacta.
Que vuestro dolor
no se olvide nunca,
y la diosa justicia,
haga caer su yugo
sobre los autores y cómplices
de tal ignominia.
P.D. Con este poema me despido de vosotros hasta septiembre. ¡Feliz verano!