‹‹Lo nuestro››

‹‹Lo nuestro››, si es que de una vez por todas te atreves a admitir este calificativo, podría resumirlo en una escueta frase: La lucha a tumba abierta ente el amor y la guerra.

Diferenciar el amor de la guerra es complicado porque vienen siendo dos conceptos similares, ambos basados en una lucha de poder que te lleva a victorias y derrotas puntuales en espera de la batalla definitiva.

‹‹Lo nuestro››, por mucho que nos hayamos empeñado, es muy parecido a los otros ‹‹nuestros›› del mundo. Tuvo su principio, todas las situaciones lo tienen, pero a diferencia del resto de ‹‹lo nuestro›› no fue clásico ni al uso. Desde el origen se convirtió en una sucesión de puertas abiertas por las que cruzábamos alegremente sin percatarnos que en más de una ocasión no lo hicimos juntos.

Las puertas nos condujeron a un laberinto donde nos perdimos en infinidad de promesas sometidas al estricto yugo de la conjura del incumplimiento. Ambas partes prometimos, ambas partes incumplimos, y a pesar de eso funcionábamos.

‹‹Lo nuestro›› jamás estuvo sometido a ninguna clase de norma voraz que empalagosamente se enredara con nublados y oscuros sentimientos. La idea consistía en evitar que las emociones fueran devoradas por los invisibles y atroces espíritus tras los que esconder la verdad.

La verdad desnuda siempre fue un reto superado por ambos con creces. Lo hicimos por la sencilla razón que la sinceridad suele venir arropada por la agradable mentira que da la distancia. La distancia de no intentar fusionar dos elementos antagónicos en uno solo.

‹‹Lo nuestro›› se basaba en conversar sobre todo y nada hasta altas horas de la madrugada, sin pensar que la llegada del nuevo día nos sorprendería en una borrachera de desfallecimiento.

Borrachos de esto y aquello. Inmersos en una espiral que nos retroalimentaba a modo de droga de la que no eres consciente y que desemboca en la autodestrucción.

‹‹Lo nuestro›› acabó por convertirse en una sucesión de goteras emocionales, donde todo está en orden siempre y cuando no entremos en detalles.

Son los matices a los que no les hemos prestado atención a pesar de presumir de tenerlo todo bajo un descontrol ordenadamente caótico.

‹‹Lo nuestro›› lleva tiempo pidiendo tierra, pero nos negamos a ponerle el final quizá porque no nos alcanza para tanto el oficio de caminar con soltura sobre las aguas una vez comenzado el segundo acto.

Suicidemos ‹‹lo nuestro›› juntos, siempre dolerá menos que si lo hacemos por separado.

Galiana