«Oficio de tinieblas» por (@PilarR1977): «El cazador» (Final)

Final

—Nunca has entendido, amor mío. Sólo espero que algún día lo hagas.

Los largos dedos de la dama se cerraron alrededor de la cazoleta. Tras un segundo, tras una sonrisa, tiró con fuerza, estirando los brazos, extrayendo el filo de su cuerpo. El arma cayó al suelo, rebotando con un sonido seco y metálico. Javier sollozó e intentó persignarse con sus últimas fuerzas mientras veía como Lucía se incorporaba con renovada fortaleza.

—Quiero pensar que has fallado adrede, Javier, tú, el temido señor de Vargas, el azote de los nosferatu, tú, incapaz de alcanzar el corazón de la que aún es tu esposa.

Se le acercó despacio, recogiendo en los bajos del vestido la sangre derramada sobre el piso. Había ternura en su voz, en sus modos cuando se agachó junto al moribundo y le acarició la frente.

Aún así, Lucía, esta maldición acaba hoy para mí…

Ahí estaban esos ojos sabios y, a veces, fríos, esa sonrisa, dulce, traviesa, malvada. Inhumana. Tras sus labios, completamente desplegados fuera de sus fundas, se revelaron con claridad los colmillos, manchando de sangre las encías y las comisuras de su boca.

—En la salud y en la enfermedad, Javier. Hasta que la muerte nos separe.

Se acercó Lucía la muñeca a los labios. Perforó la tela del vestido y desgarró su propia carne: un elixir carmesí, espeso, se extendió como una flor al alba sobre el tejido. Las lágrimas lucieron en los ojos apagados de Javier, intentando articular una oración, una respuesta, la salvación. Su razón le había guiado hacia la muerte, más su instinto se rebelaba y clamaba por no dejar este mundo. La sangre de Lucía, Antigua, poderosa, se derramó por su garganta.

—Que tu Dios nos perdone a ambos si ese es tu anhelo. Yo lo hice hace mucho, Javier. Hasta pronto, mi amor —, musitó la voz de la mujer en su oído antes de que la oscuridad le envolviese. —Tú, mejor que nadie, esposo, sabrás encontrarme.

Aún llovía en Madrid cuando el carruaje de Lucía de Vargas dejó atrás la ciudad, entretenidos sus dedos en seguir el caprichoso camino de las gotas de lluvia al deslizarse por el cristal. Pasaría mucho antes de que volviese a la capital. Puede que en las gacetas de la tarde hablasen de lo ocurrido en aquel hostal de la calle Toledo: una habitación destrozada, ensangrentada, con puertas y ventanas cerradas por dentro…habilidades que dan los años, se dijo.

Estiró la mano en busca de la manta, ahogando un gesto de dolor completamente humano, pues el corte del brazo ardía. Y, cada vez que se movía, el dolor del pecho le recordaba que pasarían semanas, que habría de dejar a su paso un rastro de muerte hasta recuperarse del todo.

—Deberías arder en el infierno, Javier —, siseó, recordando que aún conservaba la carta, esa maldita carta. La guardaba en el bolsito, quién sabe por qué —. Debería haber permitido que la vida se te escapase a chorros, imbécil.

Mi querida esposa,

Estoy cansado de seguir tus pasos. Tú ganas.

Mañana, de madrugada, me abriré el pecho con un filo de plata. Espero que Dios me perdone por haberle fallado.

Javier.”

A él, sin embargo, le llevaría más tiempo sanar: cuestión de edad, no de fortaleza. Daniel velaría por él, comprada su discreción con un generoso dispendio y una nada disimulada amenaza. Y, en cualquier caso, aún le quedaba algún amigo en la ciudad, que, a cambio de saldar antiguas deudas, velarían por su esposo. En breve se correría la voz de que Lucía, una Antigua, había perdonado la vida de Javier de Vargas, el asesino, el cazador de su propia gente. Y más pronto que tarde, la Familia pondría precio a su propia cabeza.

Poco alentador panorama, pensó, perseguida por Javier, perseguida por los míos, prácticamente una apestada

Más Lucía se encogió de hombros con un mohín resignado, fatalista, pero sin miedo. No sería la primera vez que se hallaba en tales lances.

Sólo esperaba que sus heridas sanasen a tiempo.

Ahora dale a la ilustración para escuchar el podcast, recuerda que no son iguales, incluyo alguna variación.

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@PilarR1977

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About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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