Relatos musicales de @yugm76, octubre 2024: «Seducción mortal»

Él siempre fue un alma sensible, absorbiendo las emociones del mundo como una esponja, lo que lo hizo brillar y sufrir en igual medida. Todo cambió el día que la conoció, una figura tan seductora como peligrosa, que lo arrastró a un abismo del que nunca pudo escapar. Pero lo que ocurrió después es lo que realmente te dejará sin aliento.

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Seducción mortal

Recuerdo a mi hermano como si fuera ayer, con esa sensibilidad extrema que lo caracterizaba, una cualidad que por supuesto tenía sus luces y sus sombras.

Desde muy joven, mostró una empatía desbordante hacia el mundo que lo rodeaba, como si sintiera el peso de cada injusticia y la carga de cada dolor ajeno sobre sus hombros. Su mirada, siempre melancólica, parecía estar buscando una forma de salvar a todos, como si llevara consigo el peso del universo entero.

Era distinto a cualquier ser humano que hubiera conocido. A veces, me preguntaba si en realidad pertenecía a este mundo o si solo era un visitante extraviado en la Tierra. Sin embargo, nunca dejó que su singularidad lo definiera por completo. Siempre estuvo ahí, preocupándose por todo y por todos, extendiendo una mano amable a quien lo necesitara, ofreciendo palabras de consuelo y aliento en los momentos más oscuros.

Sin embargo, su sensibilidad también lo hacía vulnerable. Como una esponja que absorbe todas las emociones a su alrededor, a menudo se veía abrumado por el peso de sus propios sentimientos. Era fácil ver cómo las tragedias del mundo lo afectaban de la manera más profunda, dejándolo con una sensación de impotencia que pesaba sobre él como una losa.

Por encima de sus luchas internas, siempre mantuvo una chispa de esperanza en sus ojos. Creía en un mundo mejor, uno donde el amor y la compasión prevalecieran sobre el odio y la injusticia. Y aunque a veces parecía que esa visión era solo un sueño inalcanzable, nunca dejó de tener fe.

Sin embargo, todo cambió el día en que la conoció. Era como una serpiente en el paraíso, tentadora y peligrosa, con su mirada hipnótica y su sonrisa seductora. No sé qué vio en ella, qué le atrajo de manera tan irresistible, pero sé que fue su perdición.

Al principio, todo fue perfecto. Se sumergieron en un mundo paralelo, construyendo un refugio donde las desgracias y el mal ajeno no tenían cabida. Se divertían juntos, compartían sueños y secretos, y por un momento, parecía que mi hermano había encontrado la felicidad que tanto anhelaba.

Pero pronto las cosas comenzaron a torcerse. Ella lo consumía, lo arrastraba hacia abajo, como un remolino que lo atrapaba en su vorágine. Mi hermano, que una vez fue una luz brillante en la vida de los demás, se convirtió en poco más que una sombra de su antiguo yo. Ya no era el hombre sensible y compasivo que conocíamos, sino una versión distorsionada de sí mismo, dominada por ella y sus demonios internos.

Mi familia y yo tratamos con desesperación de ayudarlo, de sacarlo de ese abismo en el que se estaba hundiendo, pero él se cerraba a nuestras palabras y preocupaciones. Nos echaba de su vida, enfurecido por aquella intervención, insistiendo en que ella era su verdadera compañera, su razón de ser.

Hubo momentos en los que parecía que estaba despertando, que veía la verdad detrás de la fachada de felicidad que ella le ofrecía. Intentó dejarla, apoyándose en su trabajo, en la familia, en los amigos, e incluso en la música que tanto amaba. Pero cada vez que lo intentaba, ella lo arrastraba de vuelta a su lado, como un imán irresistible que lo mantenía atrapado en su órbita destructiva.

Así pasaron los días, las semanas, los meses… los años. Mi hermano luchaba por liberarse de sus cadenas, mientras ella lo mantenía prisionero de sus propios deseos.

Hasta que llegó un día de noviembre…

La policía nos llamó: se lo habían encontrado muerto por sobredosis en un portal de la calle Espíritu Santo del barrio madrileño de Malasaña. Es lo que consigues en el momento que decides que tu compañera de vida sea la cocaína.

A veces, en días como hoy, cuando su recuerdo se me viene a la mente, me parece sentir el sonido de una guitarra y su voz en forma de canción diciendo: «Ella fue mi juez, mi condena y mi verdugo, y aunque morí por su culpa, por fin alcancé mi tan ansiada libertad».

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@yugm76

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About Galiana

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