Relatos musicales de @yugm76 en marzo 2024: «Nunca más, ni una más»

Las manos de ella están teñidas de incertidumbre y miedo. ¿Cómo llegaron a este punto? ¿Dónde se cruzan las líneas entre la supervivencia y el delito?

Este es un relato que te mantendrá en vilo, donde el destino pende de un hilo fino.

Nunca más, ni una más

Tengo las manos y algunas partes del cuerpo llenas de sangre, pero esta vez no es solo mía, también es de él…

Año 2013

Lo nuestro fue la típica película romántica de los años 90, chico conoce a chica, se enamoran, él le propone matrimonio y ella, a pesar de la negativa de su familia porque es demasiado joven, termina pasando por el altar.

Nunca hubiera imaginado que aquel niño pijo, con el jersey anudado por encima de los hombros, se fijara en mí. No era cuestión de autoestima, no. Tampoco es que yo fuera una choni, pero podría decirse que nuestras clases sociales no encajaban.

Lo admito, era muy joven, yo tenía diecinueve años, él veinticinco y era perfecto. Poseía esa belleza que solo podía ser atribuida por los patrones griegos, deportista nato, sonrisa profident y labia para venderle un frigorífico a un esquimal. Me conquistó y me dejé atrapar tanto por su ego, como por su posición.

Las cosas fueron bien al principio. Vivíamos en un apartamento que nos había comprado su padre en la mejor zona de la ciudad. Él me colmaba de regalos, nos íbamos de cena por los negocios de su familia, me hacía sentir especial… A lo cual yo intentaba responder de la mejor manera posible, la casa estaba como los chorros del oro; aprendí a cocinar de forma exprés; y teníamos sexo a modo de gratificación.

En lo que me convertí solo tiene un nombre…

Meses después ocurrió. Fue una noche cuando fuimos a cenar con sus amigos. Me dijo que me recogería en casa, en el garaje subterráneo del piso, que no bajara a la calle y yo acepte sin rechistar.

Me planté el mejor vestido que tenía. No era muy espectacular, pero sí, marcaba bien cada uno de mis atributos, sobre todo mi pecho. En el momento en el que me monté en el coche, supe que algo iba mal, pero preferí hacer caso omiso a mi intuición, ya que durante la cena todo fue a las mil maravillas.

Cuando regresamos, cerró la puerta, echó la llave, la quitó y se plantó delante de mí. El bofetón que me dio hizo que me tambaleara, cayendo e impactando contra la pared de la cocina, haciéndome caer al suelo.

Allí, me cogió del pelo, arrastrándome hacia la habitación por el pavimento, dándome golpes y más golpes. Insultándome, diciendo que me había comportado como una puta, echándome en cara todo lo que hacía por mí. Aquello no era mi marido, era una bestia, y pude cerciorarme en el momento en el que me empujó sobre la cama y me violó. Me quedé dormida llorando y dolorida.

Cuando me desperté, mi cara apenas tenía el primer golpe, el resto estaban por el cuerpo. Me dolía todo, hasta el alma, aunque lo que más sentía era vergüenza. No podía creer lo que me había pasado.

Como si quisiera despertarme de una pesadilla, él apareció por la puerta, con un ramo de flores que ni siquiera cabía por el umbral. Pidiéndome mil perdones, justificándose con que había tenido un mal día, que bebió demasiado, etc. Que jamás volvería a ocurrir.

Como tonta le creí, y las cosas fueron a peor…

Año 2023

He estado ingresada varias veces, pero parece que el dinero también puede pagar las conciencias y el honor. Nunca, jamás, ningún médico, enfermera o demás que nos atendieron en el hospital hicieron denuncia alguna. Se creyeron y certificaron a pies juntillas la historia de que su querida mujercita era muy torpe, se daba porrazos con el mobiliario o se caía por las escaleras del chalet cada dos por tres.

 Hace pocos meses decidí que ya no podía ser peor, que en una de esas palizas, me iba a matar, y fue cuando por fin, vi la luz.

En aquel momento se me pasó por la cabeza el quitarme de en medio, ya no podía más. Me lo imaginé, volviendo a casa, encontrándome en la bañera con las venas cortadas; o tumbada en la cama con un montón de pastillas y su famosa botella de whisky caro… muerta, sin vida. Su frustración por no poder ponerme una mano más encima, por haber perdido la partida, fue la que me hizo recomponerme y ser fuerte. No sé…, cuando ya no puedes caer más bajo, solo queda subir.

El temor, el pánico y el dolor, fueron sustituidos por la esperanza, la valentía, el coraje. Conocía sus horarios a la perfección, y me apunté a clases de defensa personal…

Me miro las manos, llenas de sangre, y no sé qué hacer. Dudo entre limpiar esta batalla campal en la que se ha convertido nuestra casa, dejar cada cosa en su sitio y huir…; o llamar al 112 y explicar lo que ha ocurrido.

Aún no estoy segura si esto es un asesinato o defensa propia.

Dale a la imagen para comprobar el resultado del juego.

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@yugm76

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About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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