‘Pa’ habernos ‘matao’ por @VictorFCorreas (serial sobre Carlos V) para leer y escuchar: «Paco, Paco, Paco de mi Paco»

Paco, Paco, Paco de mi Paco

En la anterior entrega realicé un retrato de Carlos I de España y V de Alemania desde todos los puntos de vista: físico, psíquico… Ahora, que fuera emperador a alguno que otro le sentó como una patada en los huevos. Por resumir, a Francisco I, rey de Francia y de sus franceses. Celosón era un rato y le tenía unas ganas que te rilas al nuevo emperador.

El origen del asunto, como te conté en el episodio anterior, fue eso mismo, lo de ser emperador, que al final cayó del lado del nieto de los Reyes Católicos. Y eso no se lo perdonó nunca. Tanto o más que el prestigio y fama del conde de Flandes, lo que era Carlos entre otras muchas cosas, subieran como la espuma en el concierto europeo. Si a todo esto unimos, en consecuencia, que le tocaba los cojones con gracia tanto por arriba —Flandes— como por abajo —España— y un tanto por la izquierda —Italia—, normal que Francisco I reaccionara como lo hizo.

En consecuencia, es momento de darle una calurosa bienvenida al personaje, del que te vas a hartar de las veces que aparecerá en estas páginas de ahora en adelante. Singular el tipo, muy singular: seductor, mujeriego y con una planta que imponía —casi dos metros de altura—, lo suyo con Carlos fue como eso de a ver quién mea más lejos.

Así que, una vez olvidado el asunto de la corona imperial, Francisco I se dedicó a poner orden en su casa, es decir, a reformar administrativa y fiscalmente el reino. En román paladín, que hubiera pasta contante y sonante siempre disponible para costear sus enfrentamientos contra Carlos. Que duraron años y años.

Las hostialidades —de hostias. Acostúmbrate a esta palabra. La leerás a menudo de aquí al final de esta biografía— entre ambos comenzaron en 1521. Con Lutero liándola parda en Alemania, al francés no se le ocurrió mejor cosa que tocar los cojones a Carlos apoyando al rey de Navarra. Éste tenía entre ceja y ceja recuperar los territorios de los que el emperador le despojo meses atrás; y también metiendo las narices en Italia, pues pensó que sería un buen lugar para disputarle la hegemonía europea. El francés todavía saboreaba las mieles del Milanesado y su conquista en 1515.

Así que, de esta manera, Italia se convirtió en el escenario donde ambos —más bien sus ejércitos— se dieron hasta en el cielo de la boca durante seis años. La cosa, como ya es sabido, concluyó —temporalmente, recalco— con una estancia de Francisco I en Madrid con todos los gastos pagados por cortesía del emperador. Sobre el particular hablaré largo y tendido llegado el momento.

Que Francisco estuviera en plan mosca cojonera no apartaba al emperador de su principal objetivo, que no era otro que cumplir lo prometido. Antes de salir de aquí para afrontar lo del imperio prometió regresar en un plazo de tres años, que se cumplía en 1521. Carlos tenía clarinete muchas cosas, y quizás la más importante de todas es que su fuerza radicaba en Castilla y lo que ésta representaba.

Por lo tanto, a pesar de estar Francisco I a lo suyo, Carlos regresó a España, pero sin despegar la vista de Italia, donde se iba a montar floja a partir de ese mismo año. Porque lo de Navarra quedó en poco más que la captura de Fuenterrabía. Justo cuando León X cerraba sesión de manera inesperada, pues así es la muerte, siendo sustituido por un viejo compañero de la vida de Carlos, Adriano de Utrecht, quien ocuparía la silla de San Pedro como Adriano VI.

Pero antes de regresar a España le tocaba rendir visita a otro peso pesado de la época —sin segundas—, a su vez un aliado de postín. Otra de esas figuras a las que merece retratar, aunque sea en unas pocas líneas: Enrique VIII.

Después de leer viene lo de escuchar, ya sabes que el podcast y el post no son iguales.

🎙🎧👇

@VictorFCorreas

Avatar de Desconocido

About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
Esta entrada fue publicada en ‘Pa’ habernos ‘matao’, Carlos V y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario