El paso ansioso de las horas
Deja que te pregunte por el amor que llevas oculto en el bolsillo,
por esa lluvia que te espera en casa,
sentada a la mesa.
Deja que te pregunte por el terror de las cucharas,
un día de invierno,
sin sol,
mientras la gente duerme bajo el peso de la culpa en otro lugar.
Deja que te pregunte por tu dolor favorito,
por esa tibia que de noche sale a buscar muchachas desnudas,
por el rencor de tu fémur las tardes de agosto.
Deja que te pregunte por las cosas que no sé,
por los países que no he visitado,
si es verdad que las piedras nos respiran
y hay animales dormidos en el interior de nuestra sangre,
afilando sus garras cerca de una pared.
Deja que te pregunte por esa pared
que nos distancia,
por esa división que hace que nuestras almas
no puedan rozarse.
Deja que te pregunte por el paso ansioso de las horas,
por ese vestido lunático que llevaste en nuestra primera cita,
por ese jueves en que te besé,
por aquel mes de abril
en que te vi muerta por vez primera.













