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Acodada en el balcón
transcurre la vida efímera,
como fruta madura
que muere en el dulce olivar.
Observo los días
diminutos y altivos.
En el jardín de los sueños
todavía se escucha
el aroma de la esperanza,
esperanza doliente
a la luz de la fe expedita.
Mi balanza se inclina
hacia la libertad y hacia la vida.
¡Pobre del alma enjaulada,
acorada, secuestrada…..
anegada al olvido y a las sombras!
¡Que poder tienen las palabras
liberadas de sus señores,
engarzadas sílaba a sílaba
sobre engranajes cáusticos!
El destino tiene a veces
finales inesperados,
te atrapa con sus garzas
para imponerte,
sus normas invertebradas.
Aunque a veces
aparece la inocencia,
como un milagro,
de soslayo.
@SaraRiveraGome2












Buenos versos
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Muchas gracias Pippo de corazon, seguire mejorando sabiendo que disfrutais de mis versos.
Un saludo.
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