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Que paz desprenden las nubes,
dulces acordes agazapados
bajo la faz del silencio.
Tu cuerpo fenece
a la sombra de los asfódelos,
tu piel desnuda
sobre la hojarasca trémula,
tu sangre ardiente y sempiterna
marca los límites,
entre el deseo y el olvido.
Tu voz,
metáfora oculta
de tu amor insaciable,
vertido en lágrimas púrpuras,
deshojando las ilusiones
de los páramos ciegos.
Una vez más,
el orgullo se abre
entre la miseria y el cielo.
La vida proyectada
sobre los blancos desiertos,
tiñen de luz y de fuerza
las oquedades del tiempo.
Tu mundo amargo y sombrío
enturbia mi vida y mis sueños.
Arrojo tus cenizas
ante un dios extraño y etéreo,
arranco entonces tu alquimia
a los pies de las estatuas sin dueño.
Tu dolor
que brota de las fuentes invisibles,
traspasa mi alma
con hilos de hielo.
Postergo tu osadía
con finos tallos de bambú,
desafiando tu imagen
en los confines del tiempo.
Más desaparezco
desaparezco ante la nada infinita,
como lirio fecundado
en los jardines de la historia,
con mis hojas fúlgidas
apostando,
apostando por la revolución y por la vida.
@SaraRiveraGome2












